Al servicio de este pueblo.
Avui. Miércoles, 4 de Enero de 1978. Página 5.
Euskadi y Cataluña.
Es admirable la tenacidad con la que han luchado los políticos vascos para aprovechar el buen viento autonomista de estos momentos de cara a la inclusión de Navarra en el mismo régimen que las tres provincias dichas hasta ahora vascongadas. Han preferido retrasar su propia autonomía antes que olvidar aquel antiguo reino de Navarra que siempre vivió su vasquismo muy a su manera.
El resultado aún no está claro. Los textos legales son mucho más abiertos a una cierta regionalización interior de Euskadi. Pero paso a paso se va acercando la unión.
No podemos decir lo mismo de los Países Catalanes. Nuestros políticos del Principado, me refiero a los políticos parlamentarios, casi todos han olvidado el antiguo reino de Valencia y las Islas Baleares y Pitiusas. Tanto que, en frase de un valenciano insigne, la principal dificultad para los Países Catalanes es el Principado, no en Madrid. Quizás es una frase exagerada. Pero es cierto que nos hemos retirado sin librar batalla y hemos regalado posiciones a los enemigos de Cataluña.
Habríamos de rectificar esta actitud. Sobre todo cuando desde muchos ángulos las cosas nos son propicias. Fijémonos, si no, en dos ejemplos.
J. M. Muntaner i Pascual nos avisa de que, por primera vez, y con respecto al Estado español, ha sido documentado que las áreas catalanas tienen una cohesión económica mayor entre ellas que con el resto del Estado. Lo ha hecho la Administración central misma al publicar un estudio sobre los flujos de transportes de las diferentes provincias españolas. Y añade: «Los contradictores de los Países Catalanes será necesario que a partir de 1978 busquen algún otro subterfugio».
Y en el otro extremo de los valores, recogemos la solicitud que hizo la ponencia del ámbito religioso del Congreso de Cultura Catalana, con vistas a la constitución de la Conferencia Episcopal de los Países Catalanes, integrada por el Principado, Valencia, Pitiusas, Perpiñán y Andorra, para fomentar una coordinación progresiva de las tres provincias eclesiásticas de una actitud muy firme de fidelidad a los Países Catalanes.
Economía y religión van delante. ¿Qué esperas, política, para hacer lo mismo?
Lluís M. Xirinacs.