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Nuevo apartado:

Al servicio de este pueblo.
Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el diario Avui, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las cortes constituyentrs españolas, entre los años 1977 y 1979, traducidos al castellano.

Publicaciones:

Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

El capitalismo Comunitario.

Agustí Chalaux de Subirà.


Presentación.

Queridos amigos:

Agustí ha empezado el año 2.000 creando un nuevo documento para repetir, con nuevas palabras y con su estilo provocador habitual, lo que siempre nos ha repetido. Que -en un momento en que, gracias a la tecnología, hay una auténtica acumulación de bienes materiales- no sería nada difícil que estos bienes llegasen a todos por el simple hecho de nacer, si hubiera voluntad política de fijar unas nuevas leyes económicas que tengan en cuenta la importancia de los simples consumidores -las personas dedicadas a la actividad altruista o las que no pueden o las que no quieren incorporarse al mundo productivo-. Esta propuesta es imprescindible para la buena marcha de la economía y de las sociedades desarrolladas.

En este documento nos recuerda -con los precedentes históricos de Bismark, Marx y Lasalle- que la Renta Básica (RB) a favor de todos los ciudadanos es una fórmula muy rentable para que la economía de los países industrializados pueda resolver el grave problema de los excedentes de producción (que tantos dolores de cabeza proporcionan a los industriales de estos países durante los períodos de prosperidad y de estabilidad política).

Agustí se fija particularmente en el ejemplo del premio Nobel de Economía, Maurice Allais; para qué sigamos conscientes de la hipoteca que pesa -en un momento de dominio del pensamiento único impuesto por los poderes económicos mundiales- sobre los economistas que, incluso cuando tienen intuiciones absolutamente creativas, prefieren no desarrollarlas por miedo a perder los beneficios que les supone trabajar a favor del sistema imperante. El caso de Allais es, desgraciadamente, el que se repite cada día en la universidad, en los servicios económicos de los bancos y en los departamentos de economía de los medios de comunicación. Hay profesionales a menudo muy preparados y que ven alternativas económicas que ayudarían a sus conciudadanos, pero que optan por callar o por repetir el discurso sugerido -mediante la garantía del sueldo- por los poderes económicos que les han contratado.

Maurice Allais trabaja sobre la hipótesis de un capitalismo comunitario como complemento del actual capitalismo. Simplemente propone que debería crearse un Banco Comunitario que administrara los saldos que los cuenta-correntistas no han autorizado a los bancos para que con ellos hagan préstamos bancarios según el sistema clásico de funcionamiento de estas entidades. El Banco Comunitario tan solo trabajaría con los saldos no dispuestos de las cuentas corrientes que no entrarían en el circuito de las imposiciones a plazo. Una parte de los saldos de las cuentas que, según Maurice Allais, permitiría al Banco Comunitario recuperar la función social de regulación de la cantidad de dinero mercantil necesaria en el mercado. Función necesaria e imprescindible para asegurar un gran dinamismo económico, regulación que se conseguiría poniendo a disposición de los simples consumidores el dinero que necesita una sociedad mínimamente desarrollada, para absorber los excedentes de producción que el dinamismo económico genera en tiempos de paz.

Una vez más, es una propuesta para resolver el problema de las sociedades que generan más riqueza de la que pueden absorber sus agentes productivos. Es preciso crear mecanismos para que los simples consumidores -agentes de profesiones altruistas y liberales, grupos marginados, enfermos, viejos y niños- puedan integrarse en el mercado y dar un nuevo dinamismo a la economía puesto que ser consumidor es una verdadera función de utilidad cuando hay excedentes de producción.

En definitiva. Que no se trata de ayudar a los que no trabajan por pura beneficencia (como puede plantear una mentalidad paternalista). Si no de entender que la propia economía -más acusadamente en períodos de abundancia- necesita a los que no trabajan para que sean consumidores de sus excedentes de producción.

Muy cordialmente, en nombre de Agustí Chalaux.

El equipo de Can Bardina.
(Barcelona, 5 de marzo del 2000).


El capitalismo comunitario.

1. Los inicios: Bismarck, Marx y Lasalle.

Con bastante anterioridad a 1880, Bismarck y Marx ya se comunicaban a través del sindicalista Ferdinand Lasalle (1825-1864), habiendo llegado a una comunión de ideales autopacificantes.

Karl Marx. Ferdinand Lassalle. Otto Von Bismarck.

Como consecuencia de esta comunión de ideales, en 1881, Bismarck dio plena libertad a los sindicatos alemanes, mucho antes que cualquier otro gobierno, incluyendo aquellos que se llamaban «avanzados», como los de Inglaterra y el Estado francés.

Pocos años después, en 1885, Bismarck fundó la primera Seguridad Social, también mucho antes que ningún otro Estado y, con un grado tal de perfección, que actualmente, esta Seguridad Social bismarckiana, perdura en Alsacia y en el departamento de La Moselle (en la Lorena), con unos resultados sanitarios (médicos, hospitalarios, etc.) y contables muy superiores a la mucho más moderna y excesivamente burocratizada Seguridad Social francesa (por no hablar de la española).

2. Las primeras intuiciones.

Tanto Bismarck -con una concepción estrictamente política- como Marx -con sus análisis económicos- estaban de acuerdo en un proyecto que incluía como punto esencial el poder dar gratuitamente a cada persona individual no asalariada unos recursos vitales mínimos; es decir, lo que hoy se entiende y se propone -sin ningún resultado práctico hasta el momento- con los nombres de renta básica por habitante, salario social, revenu minimum par habitant o basic per capita income.

Las dos personalidades analizaron la posibilidad de aplicar esta propuesta a todos los simples consumidores pero ambos también constataron que este proyecto no podía realizarse mientras perdurara el exclusivo capitalismo privado (vigente desde hace 4.500 años en todos los imperialismos mundiales).

Fue entonces cuando, cada uno por su cuenta, tuvieron la intuición de que era vitalmente necesaria la creación de un revolucionario capitalismo comunitario que completara el vigente capitalismo privado, de forma que se lograra un nuevo capitalismo total y armónico gracias a la síntesis entre ambos.

Cuando en 1890 -después de más de 25 años gobernando en régimen prácticamente dictatorial y populista- Bismarck terminó por enfrentarse con el acomplejado y belicista Guillermo II (que pretendía unas orientaciones diametralmente opuestas a toda su política), el canciller prefirió dimitir -debido a su devoción por la dinastía Hohenzollern- antes que forzar la abdicación del nuevo emperador.

Con la dimisión de Bismarck, desapareció por el momento la intuición bismarckiana-marxiana de un capitalismo comunitario.

3. Una nueva intuición hacia un posible capitalismo comunitario en nuestro tiempo.

Maurice Allais.Mucho antes de que le concedieran el Premio Nobel de Economía, Maurice Allais -al igual que otros muchos economistas- constató que en el actual sistema socioeconómico, dominado por las grandes instituciones financieras privadas (bancos, cajas de ahorro y compañías de seguros) se producía un anquilosamiento regresivo de la economía mundial. La razón de esta regresión es que las instituciones financieras privadas reciben el dinero privado de un 95% de los asalariados, pero sólo un máximo del 25-30% de estos asalariados tienen solvencia suficiente para que se les puedan conceder, con seguridad, los tradicionales préstamos bancarios.

La consecuencia evidente es que las instituciones financieras privadas no pueden ejercer, en cantidad suficiente, su oficio peculiar y antiquísimo de prestamistas y se ahogan con tanto dinero privado mercantil inutilizado e inutilizable, si no es para armamentos rápidamente obsoletos, guerras locales cínicamente provocadas o para una generalizada corrupción por parte de todos los poderes (normalmente asociada al mercado negro y al tráfico de influencias).

Ante esta evidencia, Maurice Allais tuvo la genial nueva intuición de un capitalismo comunitario que completara armoniosamente el capitalismo privado hasta ahora exclusivo, y propuso una solución práctica auto-social muy inteligente, que sólo podemos resumir brevemente en este artículo.

La solución propuesta por Maurice Allais, consiste en que cada cuenta-correntista en un establecimiento bancario decide, con total libertad personal, la cantidad de su dinero privado (total ó parcialmente) que quiere poner a disposición del banquero y la duración, (con un tiempo documentalmente contratado), a fin de que la entidad financiera privada lo utilice según su oficio tradicional: los préstamos bancarios.

Lo que queda en cada cuenta corriente a disposición exclusiva de su propietario privado, es lo que Maurice Allais llama saldos libres (por el hecho de no estar contratados documentalmente con el establecimiento financiero privado).

La totalidad de estos saldos libres de todas las cuentas corrientes privadas en todos los establecimientos financieros es puesta tele-informáticamente -sin necesidad de retirar físicamente los saldos de cada banco- a plena disposición bancaria del Tesoro nacional, constituyendo un Banco comunitario. Este último deberá emplearlos en obras sociales gratuitas a favor del consumo, a ejemplo de lo que ya se había realizado en Mesopotamia hace ya unos 7.000 años.

El Banco comunitario pagará a los propietarios de los saldos libres de cuentas corrientes privadas un elevado interés, forzando así a las entidades bancarias privadas a que su tradicional, exclusiva y legítima actividad de prestamistas bancarios privados, sea, inteligentemente, mucho más lucrativa.

La contabilidad detallista -indispensable en el libre mercado privado y practicada desde los inicios de la época histórica (recuérdase los archivos contables del Templo Rojo de Uruk, en Mesopotamia, a mediados del IV milenio antes de Cristo)- es tema exclusivamente privado. El Banco comunitario debe prescindir de ella y tan solo debe saber exactamente el montante total de sus entregas gratuitas a los simples consumidores y a las instituciones sociales, para que queden debidamente compensadas con los saldos libres disponibles (con el correspondiente coeficiente de seguridad que marque, en cada momento, la prudencia bancaria de los responsables de la entidad comunitaria).

Estas entregas gratuitas hacen pasar el dinero comunitario (que no necesita contabilidad detallista) a dinero privado (que sí lo necesita). Cosa muy fácil hoy en día gracias a la tele-informática vigente, en rápido progreso tecnológico.

El Banco comunitario solo debe poder medir con exactitud que este total dinero comunitario gratuito -cedido exclusivamente con fines de consumo privado a favor de los simples consumidores- haya pasado al ciclo de la producción mediante el comercio al por menor, dando un nuevo dinamismo al conjunto de la economía de acuerdo con los excedentes de producción disponibles en el mercado.

4. El individuo no asalariado (simple consumidor).

Para mejor comprender nuestra hipótesis de trabajo, es necesario definir lo que entendemos por individuo no asalariado o simple consumidor.

Se trata, en primer lugar, de individuos que no pueden encontrar un empleo asalariado en el sistema productivo y que, por consiguiente, están condenados a permanecer en situación de paro.

Pero, en un sentido más amplio, también incluye a todos aquellos individuos que no pertenecen al sistema productivo. Sea -como acabamos de indicar- porque son parados sin posibilidad de encontrar empleo, sea porque son individuos que libremente prefieren mantenerse al margen del sistema productivo.

En la segunda hipótesis, hay un primer ejemplo fácilmente asumible por el conjunto de la sociedad: el de las vocaciones altruistas al servicio de la comunidad (voluntarios, cooperantes, médicos, pedagogos, etc.). Pero también debemos incluir a todos aquellos individuos que escogen libremente permanecer fuera del sistema productivo y que, como simples consumidores, también tienen un papel social que produce mejores beneficios a quienes han optado por pertenecer al mundo productivo.

5. Conclusión.

Con estos tres ejemplos -Bismarck, Marx y Allais- solo hemos pretendido demostrar que existen propuestas alternativas al problema considerado irresoluble de la salida de los excedentes de producción que los individuos solventes del actual sistema económico son incapaces de comprar. La solución es la de incorporar a los simples consumidores como agentes solventes del mercado.

Por desgracia, esta posibilidad ha sido sistemáticamente desechada por los poderes políticos y económicos y, demasiado a menudo, los economistas pagados por el sistema han preferido la seguridad de un salario al servicio de los poderes establecidos al riesgo de verse relegado de sus cargos debido a propuestas innovadoras (consideradas excesivamente revolucionarias por los mentores del «pensamiento único» impuesto por el actual poder mundial).

Agustí Chalaux de Subirà.
Presidente del CEJB.
Barcelona, 28 de febrero del 2000.


Enlaces relacionados:

Pequeña historia de la moneda.

Un instrumento para construir la paz.

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