Capítulo 5. Premisas para un instrumento monetario racional.
En este capítulo realizaremos una aproximación a lo que serían las bases mínimas indispensables para que pueda darse un sistema racional, partiendo de la idea de que éste es un sistema métrico.
Estos principios podrán después aplicarse a la puesta a punto de un nuevo instrumento monetario, capaz de clarificar las relaciones monetarias y de aportar nuevo vigor al mercado.
2. Los sistemas métricos documentarios.
Como ya se ha visto en capítulos anteriores la característica definitoria de los sistemas monetarios es la de constituir un sistema de medida abstracto para la medición del valor de cambio de las mercancías en un mercado dado.
De manera que podremos hablar de un sistema monetario racional siempre que nos encontremos delante de un auténtico sistema métrico, es decir, de un sistema que proporcione imágenes fieles, abstractadas de la realidad.
Los elementos mínimos indispensables a un sistema métrico eficaz son los tres siguientes:
Las unidades de medida que se han inventado para cuantificar las dimensiones de un fenómeno cualquiera, son conceptos totalmente abstractos, y su invención es totalmente arbitraria. La única condición que han de cumplir es que la definición de la unidad sea muy precisa y rigurosa.
La unidad de longitud, por ejemplo, es el metro. Antiguamente, era definido como «la distancia de la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre». Pero, actualmente, avanzando siempre hacia una mayor precisión y abstracción de las unidades, se tiende a definir el metro como «la longitud del trayecto recorrido en el vacío por las ondas electromagnéticas planas durante 1/299.792.458 segundos».
En la ciencia del mercado, la dimensión o pervalencia que interesa principalmente medir es el valor de cambio de las mercancías concretas. La unidad para la medida de esta pervalencia es la unidad monetaria que, debido a que cada Estado define la suya, recibe diferentes nombres en cada uno de ellos. Recordemos que, antiguamente, cada país también definía sus propias unidades de longitud, peso, volumen... No obstante, las unidades monetarias son una clase de unidades de medida muy especial, porque no permanecen estables. Efectivamente, el valor de cambio de las mercancías concretas no es siempre el mismo, no es idéntico en diferentes situaciones de tiempo y espacio. La distancia entre Barcelona y Madrid es siempre la misma; pero el precio de un litro de vino no es el mismo en Madrid que en Barcelona, ni el mismo hoy que hace diez años, sino que varía en el tiempo y en el espacio, en función de una serie muy compleja de causas que no es ahora el momento de analizar.
Como la realidad que quiere medir es variable, la unidad monetaria es también variable: no existe ninguna constante exterior invariable en relación a la cual definir el valor de la unidad monetaria. De modo que la definición de las unidades monetarias no es fija, ya que varía correlativamente a las variaciones en el valor de cambio de las mercancías concretas que mide.
Por eso mismo, la unidad monetaria no puede definirse en relación a una única mercancía privilegiada, sino que, en un espacio geopolítico dado, tiene que definirse en relación al conjunto de todas las mercancías que circulan en cada período de tiempo considerado.
4. Los procedimientos de medida.
Una vez definida con rigor y precisión una unidad de medida cualquiera, hay que inventar la manera de poder realizar, en la práctica, las mediciones de fenómenos concretos que interesen a cualquier persona.
Realizar una medición no es otra cosa que contar el número de unidades abstractas que por convención se asigna a un fenómeno concreto cualquiera, de acuerdo con la definición dada.
En el caso de las unidades de longitud, todo el mundo conoce los «metros», las «reglas», y tantos otros instrumentos y técnicas de medición, que constituyen los procedimientos de medida.
En el caso de las unidades monetarias, el único procedimiento imaginable para realizar la medición del valor de cambio de una mercancía concreta, es precisamente el mismo cambio, el libre contrato cambio-monetario realizado entre dos agentes del mercado. Es la libertad del juego del mercado que genera los precios y los salarios asignados a cada mercancía concreta, en el mismo momento en que se realiza un acto de compra venta.
Precios y salarios son entidades mixtas, concretas-abstractas, que genera cada acto de medición, cada intercomparación en el mercado entre la mercancía concreta a medir y la unidad abstracta medidora.
Y, paradójicamente, es el conjunto de precios y salarios fijados en un espacio-tiempo dado el que puede, por una operación inversa a la de esta fijación, definir el valor de la unidad monetaria -llamada dinero- en este espacio-tiempo, ya que el valor de la unidad monetaria no puede definirse sino como su capacidad de compra media en cada espacio-tiempo dado.
La última condición indispensable a todo sistema métrico eficaz y científico, es que todo acto de medida realizado esté bien documentado y personalizado, tanto para poder verificar su validez, como para poder utilizar los resultados elementales en la obtención de estadísticas y analíticas del conjunto global o subconjunto sectorial observado.
Así pues, cada acto de medida del valor de cambio de las mercancías concretas -es decir, cada intercambio mercantil elemental- tiene que estar también plenamente documentado.
Como ya se ha visto en el capítulo 2, en un sistema monetario racional, esta documentación se realiza automáticamente gracias a los instrumentos-documentos monetarios. Estos son instrumentos en tanto que sirven para facilitar los intercambios; pero también son documentos porque recogen y conservan cada acto mercantil elemental efectuado a través de ellos.
Las condiciones mínimas que se pueden exigir a una documentación exacta son dos: primero, que cada acto de medida genere su propio documento; segundo, que este documento sea exhaustivo, eso es, que consigne todas las circunstancias significativas que concurren en el acto de medida realizado.
Y es sobre todo por este lado que falla al sistema monetario actual: porque está falto de documentación adecuada.
En los sistemas monetarios vigentes, los instrumentos-documentos están constituidos, como ya sabemos, por piezas de moneda, e instrumentos escriturales. Pero todos estos instrumentos son de naturaleza esencialmente anti-documentaria. Más que documentar, se puede decir que esconden la realidad, debido a las características que se enumeran a continuación.
Efectivamente, una firma en un cheque, un nombre, un número de cuenta corriente... son elementos, hoy día, personalizadores. Pero la documentación que proporcionan es muy parcial, por diversos motivos:
Una de las conclusiones mínimas indispensables a cualquier sistema métrico, la de disponer de documentos de medida elementalizados, exhaustivos y personalizadores, no es cumplida por el sistema monetario actual.
En consecuencia, éste no puede constituir un buen sistema métrico. Necesitamos pues, reinventar un instrumento monetario capaz de constituir la garantía eficaz de una medición exacta y plenamente documentada del valor de cambio de todas y cada una de las mercancías intercambiadas en un mercado dado.
Este nuevo instrumento no se diferenciará demasiado de los actuales
instrumentos escriturales-bancarios; pero llevará a la plenitud
los rasgos que en éstos únicamente son potenciales, y eliminará
sus imperfecciones métricas-documentarias.