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Capítulo 18. Domar el toro. El poder del dinero. Índice. El poder del dinero. Capítulo 20. Cambiar la llave para abrir la puerta. El poder del dinero.
Capítulo 19. Imaginemos que...
El dinero electrónico, debidamente acotado, puede convertirse en un instrumento con el que intentar resolver conflictos hasta ahora insolubles: entre responsabilización documentada y libertad de acción; entre solidaridad social (socialismo) y libertad personal (democracia); entre creación de riqueza y redistribución de los excedentes.

Puede favorecer la separación y libre elección personal entre actividades mercantiles (ánimo lucrativo) y actividades comunitarias-liberales (sin ánimo lucrativo). Puede ayudar a hacer complementarias la centralización informativa (visión global) y la descentralización de acción (individuos, comunidades, barrios, municipios, comarcas, naciones, empresas, entidades... libremente confederados según el principio de subsidiariedad). Puede facilitar la cuantificación de los materiales y energías disipados o degradados y la recaudación de fondos para su protección o sustitución.

Éste es un capítulo comprometido. Acostumbra a ser más fácil limitarse a la crítica que imaginar futuros posibles. A pesar de ello, expondremos un conjunto de posibles medidas que configuren unas nuevas reglas de juego. Esta lista de medidas imaginables son sólo un borrador. Quisieran ayudar a suscitar la investigación y el debate, en un momento en que nos hemos quedado sin modelos de referencia para orientar, desde el presente, la construcción de una sociedad que aproveche las posibilidades creativas generadas por la caída de los dogmatismos y que intente otras soluciones distintas a las ya fracasadas para resolver viejos y nuevos problemas.

El conjunto de estas medidas puede hacer entrever mejor la dinámica interna del modelo que se apunta y que se presentará con más detalle en otro volumen.

Se tratará, sobre todo, de imaginar... imaginar un escenario atrevido, pero que creemos técnica y económicamente posible. Un escenario que, por lo menos, nos puede permitir contemplarnos a través del espejo y contrastar la realidad para descubrir sus carencias y potencialidades.


Las reglas de juego que expondremos, de forma telegráfica, no son más que una recopilación de propuestas explícitas o latentes que, en las culturas democráticas, se han ido intentando o reivindicando. Creemos que pueden ser, en gran parte, una contribución a la investigación de quienes quieren encontrar caminos suparadores del socialismo y del capitalismo. La única novedad quizás radica en presentarlas como partes interrelacionadas de un modelo conjunto, que puede hacerse viable gracias a la capacidad de disponer de un instrumento informativo y responsabilizador para llevarlas a cabo de una forma poco coactiva y poco burocrática.

Algunos aspectos de estas reglas de juego son condición sine qua non para una aplicación coherente y democrática de la moneda electrónica, y, al mismo tiempo, objetivos viables gracias, precisamente, a las posibilidades introducidas por la moneda electrónica. Apuntan a un juego más limpio, más claro, más libre, más responsable y solidario:

  1. Responsabilización y nueva organización de las instituciones de gobierno: político, judicial y cívico.
  2. Justicia independiente, abierta, documentada y gratuita.
  3. Mercado libre pero documentalmente responsabilizado.
  4. Servicios comunitarios libres y gratuitos.
  5. Economía auto-equilibrada, ecológica e informativa.
  6. Libre federación política y confederación cívica de las etnias que forman la sociedad geopolítica.
  7. Relaciones exteriores equilibradas e interdependientes.
Acabaremos el capítulo con una descripción de posibles beneficios para los ciudadanos en aspectos tan cotidianos como los referidos a la seguridad ciudadana.

1. Responsabilización y nueva organización de las instituciones de gobierno: político, judicial y cívico.

Las instituciones y los cargos públicos tienen tendencia a convertir su responsabilidad de servicio en irresponsabilidad de poder. La teoría política surgida de la Revolución Francesa ha consagrado unos principios democráticos formales (independencia entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial; sufragio universal...) pero no se ha ocupado de cómo asegurar su cumplimiento. Carente de sistemas de responsabilización, la función pública cae fácil e impunemente en la prevaricación y el despotismo ilustrado: democracia formal-oficial y poderes reales-no oficiales.

A pesar de los doscientos años de proclamación de las libertades democráticas, éstas, incluso a nivel formal, se han mantenido muy poco en vigor de una forma plena: restauraciones monárquicas, despotismos ejecutivos, limitaciones de voto, de asociación y de expresión... Podemos afirmar que, salvo algunos pocos Estados y algunos pocos períodos, el legado de la Revolución Francesa aún está por concretar a nivel formal y mucho más a nivel real. ¿Por qué?.

Antes de exponer posibles caminos para profundizar en la democracia, una cuestión previa: es necesario ubicar las siguientes propuestas en un marco en que la socialización de la información contable monetaria y la redistribución automática de dinero para financiar las necesidades culturales, asistenciales y de autogobierno territorial, pudieran evitar las inacabables disputas sobre la financiación de dichas actividades. Podrían resolverse la mayoría de conflictos, entre el Estado y el resto de instituciones (culturales y territoriales), provocados por la falta de claridad en las cuentas, gracias a procedimientos automáticos fuera de toda discusión. De esta manera la centralización contable ofrecería una información socializada que podría favorecer la descentralización del Gobierno.

Para que los cargos de mando social no se transformen en poder contra las personas sería preciso emprender un conjunto de medidas «antipoder», que favorecieran una libre responsabilidad del mando. Algunas de las medidas que podrían ser factibles, para desarrollar con más rigor la teoría política democrática y hacerla realmente más operativa, serían:

2. Justicia independiente, abierta, documentada y gratuita.

La mayoría de teorías políticas reconocen formalmente la necesidad de una Justicia independiente. En la práctica, sin embargo, el Estado o los poderes fácticos han buscado los medios para que esta independencia solamente sea aparente, mediatizándola y condicionándola. La independencia de la Justicia es un tema complejo. Para que esta independencia no sea una excusa para formar poderes corporativistas cerrados, de perpetuación de castas dominantes... se necesitarían un conjunto de medidas como las siguientes:

3. Mercado libre, pero documentalmente responsabilizado.

Una política clara y responsable, basada en un Estado de derecho garantizado por la imposibilidad de actuación impune de los poderes fácticos y por la independencia de una Justicia documentada, son elementos de unas reglas de juego limpio que pueden favorecer las máximas y óptimas libertades responsables en todos los campos sociales. Más allá de unos mercados paralíticos -planificados o pseudo-libres-, que son refugio de todo tipo de explotación (sobre las personas y sobre la vida natural), se deben concretar medidas favorecedoras de un mercado con el máximo de libertades concretas dentro de unas reglas de juego responsabilizadoras y solidarias. Sin estas reglas de juego, los poderes fácticos de uno y otro sistema, deciden sobre y contra el resto de la población.

La implantación de una moneda telemática podría favorecer una política de libertades y de solidaridad social siempre y cuando el mercado funcionase. La producción y venta de productos utilitarios es el motor generador de riqueza y la redistribución de ésta no es solamente una actitud solidaria sino que es necesaria para el buen funcionamiento del mercado y para el enriquecimiento de los productores (empresarios, trabajadores, inversores e inventores). La producción es previa al consumo y a la inversión. Pero, generar capacidad de consumo (poder de compra) y de inversión (créditos) permite continuar produciendo más y mejor.

El «mercado libre» ha sido la tapadera de toda clase de juegos sucios. La «supresión del mercado por decreto» ha sido, sin embargo, la tapadera de la ineptitud y de la ineficacia productiva. El mercado es un invento humano muy antiguo y útil. Aunque se prohíba, tarde o temprano, vuelve a resurgir bajo forma de «mercado negro», camuflado oficialmente bajo el nombre «de economía mixta socialista». El problema no es mercado sí o mercado no, sino libertinaje mercantil o mercado responsabilizado. Sería necesario redefinir unas reglas de juego mercantiles que favoreciesen libertades concretas responsabilizadas. Estas reglas de juego podrían tener en cuenta, entre otros, los siguientes elementos:

4. Servicios comunitarios libres y gratuitos.

Si la función del mercado es producir, consumir bienes útiles para la vida, la función del sector comunitario es la de ofrecer servicios «culturales» en el sentido amplio de la palabra. La característica de las profesiones e instituciones comunitarias-liberales es que se autoproclaman, desde siempre, altruistas y desinteresadas. La confusión entre mercado y sector comunitario ha incluido a éste, normalmente, dentro del sector mercantil terciario de los «servicios». Se ha permitido que se convirtiera en uno de los poderes fácticos más influyentes, el del «saber», que va unido y está al servicio del «tener dinero».

La distinción entre los dos estatutos permitiría también la creación de un estatuto mixto (mercantil-comunitario) que favoreciera o bien la artesanía, o bien ciertas obras y servicios de interés general que necesitan precios políticos, pero a los que les falta la ayuda de capital privado para llevarlos a cabo.

Una aplicación cotidiana de la distinción entre el Sector Mercantil y el Sector Comunitario plantearía, evidentemente, una serie de interrogantes y objeciones tanto en relación a los criterios de distinción, como respecto al proceso de implantación gradual y por sectores. El estudio de estos interrogantes no corresponde, sin embargo, al nivel de exposición esquemática que estamos realizando.

5. Economía equilibrada, ecológica e informativa.

El sistema económico ha sido definido hasta el momento como un sistema pretendidamente equilibrado: tanta producción es igual a tanto ahorro-inversión más tanto consumo. Este equilibrio ha sido falaz en gran parte por no disponer de un sistema documental, cuantificador y orientador de los diferentes flujos mercantiles, sistema imposible con una moneda irracional.

Pero el sistema económico en su conjunto también es irracional porque, en tanto que sistema cerrado y pretendidamente equilibrado, olvida las entradas y salidas del sistema en su conjunto. Es decir, olvida las entradas de energía y de materiales y su salida con un grado más alto de entropía, como residuos o contaminación.

La moneda racional no solamente intenta contribuir a equilibrar el sistema económico sino que puede aportar elementos para situar el sistema económico equilibrado en un marco ecológico.

Una de las funciones de la moneda es ofrecer un sistema homogeneizador de todas las producciones y de todos los consumos. Pero la función de una moneda racional, además de ésta, podría ser la de ofrecer información de las producciones y de sus materiales y energías, todos ellos heterogéneos.

Esta información podría ser muy valiosa para racionalizar el uso de materiales y energías: socializando la información sobre su uso y penalizando o favoreciendo ciertos procesos de producción o ciertos productos de forma automática (introduciendo un impuesto ecológico). Con la parte recaudada se podría favorecer el uso de energías y de materiales reciclables, se podría crear un fondo de investigación y aplicación de nuevos procesos menos agotables y menos contaminantes y financiar un plan de ecología integral (suelo, bosque, agua, aire...)

La información y las posibilidades de financiación ayudarían a ir desmercantilizando y pasando a propiedad comunitaria todos los recursos naturales estratégicos para la supervivencia de la humanidad y para los equilibrios de los ecosistemas. La desmercantilización de los recursos -con propiedad y gestión comunitaria- podría evitar el malgastar muchos de ellos que hoy son utilizados simplemente porque son menos caros que otros (a nivel de precios) o porque dan, a determinadas empresas, mayores beneficios a corto plazo.

De esta manera se podría empezar a considerar que algunos, hasta ahora, indiscutibles «bienes económicos», pueden convertirse en «males económicos». Que el crecimiento económico medido únicamente con unidades monetarias homogeneizadoras, puede llegar a ser muy discutido si lo miramos bajo la óptica del crecimiento del grado de entropía o de la producción de contaminación que comporta.

La concreción de un Estado de derecho, con libertades y solidaridades concretas iguales, jurídicamente, para todos, precisa el establecimiento de una democracia económica, es decir, de un sistema económico que permita unas libertades y solidaridades concretas para todas las personas también en el aspecto mercantil.

6. Libres federación y confederación de las etnias que forman la sociedad geopolítica.

Defender las libertades concretas exige favorecer la autonomía y la independencia de todas las personas. Pero debemos considerar personas, no solamente a los individuos, sino también a las personas nacionales. Para evitar confusiones en un tema tan delicado entendemos que las personas nacionales (también llamadas etnias) son las que constituyen la sociedad geopolítica (que acostumbra a ser plurinacional y que es coordinada por un Estado).

El respeto a los derechos humanos no solamente incluye a los individuos y a las colectividades, sino también a las naciones humanas (etnias) desde los núcleos más básicos (familias, comunidades de vecinos, barrios..) a los más complejos (municipios, comarcas, etnias e interetnias históricas). La etnia es una nación con conciencia de tener una cultura, una ética y, eventualmente, una lengua propias.

7. Relaciones exteriores equilibradas y interdependientes.

En el caso de la aplicación del cambio monetario en un único Estado, las nuevas reglas de juego también podrían abrir nuevas posibilidades en las relaciones con las otras sociedades geopolíticas (Estados plurinacionales) y, especialmente, en el equilibrio del comercio exterior.

En un mundo cada vez más interrelacionado en todos los aspectos, es preciso resituar un hipotético cambio global dentro de un marco geopolítico amplio, que ayude a superar los Estados-Nación y que dé cohesión a proyectos de federación política de múltiples etnias e interetnias, como puede ser el caso de la construcción de la Europa de las etnias. Pero, es posible que la necesaria construcción de una Europa independiente de los bloques, solidaria entre las diferentes etnias que la forman, y solidaria con los restantes pueblos de la Tierra, no sea el proyecto de la Europa de los Estados-Nación actual.

Cualquier cambio en las reglas de juego de alguno de los actuales Estados-Nación, o de Europa en su conjunto, requeriría establecer un nuevo sistema de relaciones con el resto del mundo.

Se trataría de replantear las relaciones a diferentes niveles:

Las propuestas que a lo largo del libro se han ido presentando en el aspecto monetario y mercantil se tienen que aplicar, ahora, en las relaciones interestatales. Para potenciar este cambio se tendrían que establecer unos principios, unos acuerdos y unos instrumentos que permitiesen:
El conjunto de posibles reglas de juego, expuestas de forma esquemática, pueden no llegar a dar una idea suficientemente clara de los posibles beneficios que el ciudadano corriente tendría en la vida cotidiana. Para intentar superar esta dificultad podríamos imaginar sus repercusiones en un tema complejo como el de la seguridad ciudadana.

La inseguridad ciudadana es hoy la excusa para potenciar el reforzamiento del estatismo policial. En cambio, no se hace nada para evitar las causas de la pequeña delincuencia ni para resolver el «terrorismo» siempre tan «rentable» para el poder.

La seguridad ciudadana, con un sistema de moneda telemática personalizada e informativa, no necesitaría cuerpos policiales, arbitrarios, ineficaces y corruptos. La personalización de las relaciones monetarias y mercantiles de una parte, y la resolución de los principales temas de violencia social (la miseria, la pobreza, la marginación, la droga... y la falta de libertad federativa de las etnias) de la otra, podrían llevar a una reducción drástica de la violencia social.

La supresión del dinero anónimo impediría la realización práctica de la mayoría de los delitos por causa del dinero (que son la gran parte). La asignación a cada persona (especialmente a los marginados y a los sin trabajo) de salarios comunitarios, juntamente con la gratuidad de todos los servicios culturales y asistenciales, atacaría de raíz algunas de las causas de gran parte de la delincuencia actual. Una ayuda especial a las mujeres permitiría a éstas liberarse más fácilmente de padecer las consecuencias de delitos que hoy casi ni tan sólo son denunciados (palizas del marido, violaciones...) y despenalizaría hechos que la legislación actual condena o dificulta (aborto, divorcio,...).

La legalización, controlada por el sistema monetario, del uso y comercio de drogas (alcohol, tabaco, marihuana, ácidos...) evitaría las mafias de los traficantes y las nocivas adulteraciones de los productos; y permitiría eliminar el regusto de aventura subversiva y peligrosa que la prohibición genera. Los adecuados tratamientos de desintoxicación en manos de profesionales independientes y con medios a su disposición, una información clara sobre los efectos de las drogas y las posibilidades de desarrollar intereses personales hasta ahora vetados por falta de medios; parecen sistemas mejores que las persecuciones policiales.

La mayoría de delitos habituales (evasión de divisas, falsificación de documentos, estafas, chantajes, rehenes, atracos, robos, prostitución, trata de blancas, proxenetismo, tráfico de drogas, de armas y de obras de arte, soborno de funcionarios, de políticos, de jueces, asesinatos o todo tipo de estragos por encargo, extorsiones...) necesitan, usan o buscan el dinero anónimo. Su supresión impediría el uso del cuerpo del delito. Seguramente surgirían nuevas formas de delincuencia, pero estaría bien que, de momento, consiguiéramos erradicar en gran parte las causas y los instrumentos de las actuales.

La lucha armada de liberación de clase o de liberación nacional, en del marco de una sociedad libremente federativa de las etnias que la componen y eficientemente solidaria, especialmente con los desheredados, quedaría prácticamente sin motivación. Pero, también, sin posibilidades de ejercerse en régimen de moneda personalizada ya que imposibilitaría las fuentes de financiación habituales de estas organizaciones (fondos secretos, atracos, impuesto revolucionario,...) y el tráfico de armas.

Este conjunto de medidas podrían devolver la tranquilidad de pasear sin ser asediado por mendigos, por atracadores, por colocaciones de bombas, o... por acciones policíacas antidisturbios.

La función de la policía sería de velar por el respeto a las reglas de juego constitucional y a las normas de convivencia de cada comunidad étnica. Los policías podrían ir, normalmente, desarmados. El cumplimiento de las reglas de juego constitucional no dependería tanto de la represión -siempre ineficaz a la larga- como de la asunción de la responsabilidad documentada de los actos libres de las personas ante la Justicia que dispondría, para investigar o sentenciar un caso, de dicha documentación. En la medida en que la flexibilidad de las instituciones democráticas fuese real se permitiría expresar con gran facilidad la voz de las minorías, sin que estuviesen condenadas a recurrir a la violencia.


Hasta aquí algunas reglas de juego, que de una u otra manera, podrían servir para implantar y aprovechar la moneda informativa y personalizada. Es fácil comprender que sólo son indicaciones para un estudio más profundo. Explicar temas complejos e interconectados de forma simple y lineal siempre es un riesgo. Pero no explicarlos puede dificultar el ver la conexión entre el cambio monetario propuesto y los posibles nuevos escenarios de cambio social.
 
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