Català | Castellano | English | Français | Deutsch | Italiano | Galego | Esperanto
En aquest lloc «web» trobareu propostes per fer front a problemes econòmics que esdevenen en tots els estats del món: manca d'informació sobre el mercat, suborns, corrupció, misèria, carències pressupostàries, abús de poder, etc.
Portada | ¿Quiénes somos? | Enlaces | Agenda | Actividades realizadas | Lista de correo | Contactos-e-mail | Blog

Nuevos apartados:

Al servicio de este pueblo.
Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el diario Avui, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979, traducidos al castellano.

Diario de un senador.
Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el rotativo Mundo Diario, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979.

Publicaciones:

Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

El mapa de la estructura familiar en Europa.

El juego de las cuatro familias.

Libération. Logotipo.Libération. Viernes, 20 de Abril de 1990. Página 21.

El juego de las cuatro familias.

Europa. Cada viernes un Cuaderno especial dedicado a la construcción europea.

En la familia troncal se encuentran países como Alemania, Austria, Irlanda. En la familia comunitaria Toscana y Finlandia. En un libro aparecido recientemente en Francia, La invención de Europa, el historiador demógrafo Emmanuel Todd propone una división inédita de Europa, determinada por los cuatro tipos de estructuras familiares. Según él, las religiones y los sistemas políticos de una región se derivan directamente de ellos.

Europa ¿será universalista? ¿respetuosa de la diferencia? ¿etnocéntrica? Los europeos no podrán definirse sin llegar a un acuerdo sobre la definición del Otro… Anhelo profundamente que la Europa política se haga sobre bases claras de reconocimiento de las diferencias, pero en el fondo de mí mismo no creo que esto suceda.

Continente misterioso, Europa no tiene consistencia geográfica, (según el diccionario Petit Robert es «el continente más pequeño y peor delimitado, un territorio avanzado de Asia») se escapa en cuanto un historiador intenta tramar los hilos de su pasado. ¿Por qué el protestantismo sólo hizo suyas las tierras de Europa del norte? ¿Por qué Inglaterra fue la madre patria de la industria? ¿Por qué Francia se embriagó con la sangre de la Revolución antes de rechazar la del nazismo y del fascismo? Tantas y tantas preguntas que hasta el presente siguen sin respuesta...

Sin embargo, quizá se esté alzando un poco el velo. Emmanuel Todd, historiador demógrafo, acaba de publicar una obra, –La invención de Europa1–, en la que proporciona una clave de lectura, especialmente seductora, de la historia del continente: la familia.

La tesis –la evolución religiosa, económica e ideológica de un grupo humano está muy condicionada por su fondo antropológico– no es nueva. Aristóteles, Rousseau, Diderot, por citar sólo algunos, fueron fervientes adeptos a ella. Desde hace varios años, un equipo de universitarios británicos trabaja en esta dirección. Diplomado en Cambridge por sus trabajos sobre sistemas familiares, Emmanuel Todd, en La Nouvelle France (1988), ya había aplicado este método de análisis a Francia. Pero nadie había todavía investigado tan minuciosa y aplicadamente (siete años de trabajo y cantidad de información a menudo inédita) la relación entre los valores aportados por la familia y el comportamiento social de las etnias o de los pueblos europeos en el transcurso de los cinco últimos siglos.

Lejos del arrobamiento lírico de los discípulos de Braudel, Todd nos introduce en el laberinto de Europa con un hilo de Ariadna en la mano: la variedad de las estructuras familiares se halla en el orígen de la diversidad del continente. Algunos pueblos se entusiasman con la Reforma, otros con la Revolución; unas etnias se decantan por el nacionalismo, otras profesan el socialismo. Algunas regiones se hallan en primera línea por la alfabetización y la industrialización pero se asustan con el control de la natalidad o con el sufragio universal… Todo ello, según sostiene Todd, es solo una cuestión de cultura familiar.

La demostración –apoyada sobre ochenta mapas– aparentemente no tiene fallos. Es tan perfecta, por otra parte, que hace dudar. ¿No habrá caído el autor en una doble trampa? ¿No habrá visto una causa donde quizá solo haya una correlación? Al trocar la variable religiosa contra la familiar para explicar el proceso de diferenciación y de segmentación de la parte occidental del continente, ha remontado un eslabón. Pero ¿ha conseguido remontar toda la cadena?

A pesar de todas las dudas que pueda provocar, éstas no deben estropear el placer de degustar (en ocasiones con cierto estupor) uno de los ejercicios de síntesis más conseguidos. Ni el de jugar, tal como Todd invita, al juego de las cuatro familias.

La familia nuclear igualitaria.

Este grupo se localiza en la cuenca parisiense, centro y sureste de España, centro de Portugal, noroeste de Italia, con una prolongación en Provenza, Mezzogiorno y Sicilia, así como en la Suiza de habla francesa.

La pareja tiene hijos que, llegados a la edad adulta, fundan familias independientes. Dado que la familia nunca se desarrolla más allá del núcleo padres-hijos, este modelo contribuye a desarrollar el individualismo. En cuanto a los bienes de los padres, se reparten equitativa y meticulosamente entre los descendientes. De ahí que exista una gran sensibilidad ante las nociones de igualdad.

Libertad e igualdad. Dos conceptos apreciados por una Revolución que nació en la cuenca parisiense y tuvo que batallar con firmeza contra las otras Francias regentadas por otros valores familiares: Occitania, Bretaña, el Norte y Alsacia. Pero la quintaesencia universalista de Francia está lejos de haberse impuesto en el resto de Europa, incluidas las regiones que comparten el mismo sistema familiar.

En las zonas donde domina la pequeña propiedad, la religión (católica, exceptuada la Suiza de habla francesa que ha quedado bajo la influencia de Berna) sigue estando muy viva hasta mediados del siglo XX. Con Dios rechazando enfrentarse a las grandes ideologías modernas, en estas regiones nacerá lo que Todd denomina el republicanismo cristiano. La Lorena y el Franco Condado no se incorporan a los ideales de la Revolución y con todo apoyarán a la Tercera República, igualitaria, a pesar de los sermones del Papa.

Por el contrario, las provincias en las que la gran explotación es mayoritaria serán las primeras en experimentar (1730 a 1800) el fenómeno de la descristianización. Liberadas del Creador, éstas elegirán, por la derecha, el liberal-militarismo y, por la izquierda, el anarco-socialismo.

En su versión francesa el liberal-militarismo dio origen al bonapartismo y al boulangismo. Dos movimientos autoritarios que defendían la disciplina y la jerarquía, pero que no pudieron librarse del individualismo igualitario. Glorificaban el sufragio universal y reclamaban la legitimación popular del jefe supremo. Esta forma de nacionalismo estuvo al origen de uno de los raros golpes de estado (Luis Napoleón en diciembre de 1851) que se hayan producido en Europa (todos fracasaron en Alemania y en Rusia), y se nutrió del anarquismo de la sociedad francesa. Esta dialéctica del orden y del desorden, asociada con un analfabetismo prolongado, también dio origen a un nacionalismo muy particular: la Mafia siciliana, la Camorra napolitana, y la N’drangheta calabresa.

Por su parte, el anarco-socialismo, insuflado con los ideales de la Revolución, conoció destinos diversos. El «ni Dios ni señor» español condujo a la creación del sindicalismo anarquista que durante mucho tiempo dominó en el mundo obrero. En Francia, la izquierda antiestatal, muy presente en la capital y en su entorno, influyó en la CGT de principios de siglo. Pero en los años que van de 1920 a 1930, ésta tuvo que adaptarse a las otras familias francesas. Al otro lado de los Alpes, los piamonteses y lombardos celebraron la autonomía obrera, y la acción espontánea de las masas... hasta la Primera Guerra Mundial, fecha en la que fueron puestos bajo control por el socialismo autoritario de la Italia central.

Dominada por Francia, esta Europa de la libertad y de la igualdad ha aportado a sus miembrosel control de la natalidad (practicado en Francia desde el 1750) y el sufragio universal. La construcción de la Comunidad no la asusta. Incluso juzga el objetivo de modesto, pues sólo se trata de un fragmento del hombre universal. Por el contrario, le cuesta trabajo admitir las diferencias y se hace naturalmente desagradable a sus miembros por su «universalismo agresivo».

La familia troncal.

Este grupo se da en el mundo germánico (Alemania, Austria, Suiza alemana) y su entorno (Alsacia, sureste de los Países Bajos, sur de Dinamarca), la mayor parte de Escandinavia del Norte, un bloque céltico (País de Gales, Cornualles, noroeste de Inglaterra, oeste de Escocia, Irlanda, la Bretaña de habla bretona), Occitania y un arco norte ibérico.

Esta estructura comporta que uno solo de los hijos (primogénito, menor o elegido por el padre) se casa y procrea sin dejar a sus padres. Los otros hijos pueden elegir entre quedarse solteros en la casa familiar o marchar para casarse, hacerse sacerdotes o soldados. Éstos son compensados con una suma de dinero. La cohabitación de dos generaciones adultas ilustra el autoritarismo del sistema. La transmisión de una gran parte del patrimonio a un solo hijo, y el celibato, más o menos aceptado, de los demás revela el desigualitarismo del modelo.

Autoridad y desigualdad. Ningún frontispicio enarbola un epitafio semejante. Sin embargo, la conjunción de estos dos valores estuvo en el origen de la gran conmoción del siglo XVI: la Reforma. «La predestinación protestante, la idea de un Dios todopoderoso y de hombres desiguales frente a la salvación de su alma fue aceptada fácilmente allí donde previamente existía una organización familiar que incluía un padre autoritario y unos hermanos desiguales». Con la excepción de Occitania y del norte de la Península Ibérica, todas las regiones de familia troncal adoptaron el protestantismo.

Desde entonces el continente se divide en dos. En nombre del principio «todos somos sacerdotes» (un eslogan muy igualitario), Lutero acelera la alfabetización. Europa del norte despega. Por el contrario, el catolicismo, en reacción a la Reforma, frena el progreso, algunas veces durante mucho tiempo,. «Sin Alemania y su protestantismo, Europa seguiría siendo un continente subdesarrollado».

Filosofía alemana.

Los valores familiares y los valores religiosos del mundo germánico convergen y se conjugan dando origen a la filosofía alemana. El individuo no es nada. Es la sangre y la nación lo que cuenta. Por otro lado, de nada sirve creer en las propias fuerzas, ya que el padre y Dios escogen a sus elegidos. Conclusión: «El pueblo alemán, superior a los demás, actúa como un único ser vivo. Los hombres no son ni libres ni iguales».

Combinada con una ideología nacionalista y descristianizada, esta ética resultó en lo que Todd denomina el etnocentrismo (defensa a veces agresiva de la etnia). En Alemania, éste se tradujo en el pangermanismo y más tarde en el nazismo. En los países pequeños como Suecia y Suiza, tomó la forma de neutralismo. Finalmente, en las regiones insertadas en otro territorio o en las periféricas, está en el origen de los movimientos regionalistas. Irlandeses, galeses, escoceses, noruegos del oeste, flamencos, valones, vascos, catalanes, gallegos, bretones, auverneses... con la excepción de Córcega, la lista de los diversos movimientos y frentes de «liberación» corresponde casi punto por punto a las implantaciones periféricas de familias troncales.

Retirándose, Dios también ha cedido el lugar a una ideología típicamente alemana: la socialdemocracia. Nacida en 1875, ésta progresa al mismo ritmo que retrocede el protestantismo. A pesar de las persecuciones de Bismarck, en 1912 el partido cuenta con 1.700.000 miembros, posee un centenar de periódicos, se apoya sobre unos sindicatos todopoderosos, y controla incontables asociaciones. La disciplina familiar se convierte en disciplina militante. El amor por el partido define mejor que cualquier elemento doctrinal la naturaleza de la social-democracia alemana, y la contrapone punto por punto al anarcosocialismo parisiense o andaluz.

Este modelo socialdemócrata se propaga sin esfuerzo en los países luteranos y calvinistas. Lo reencontramos, casi intacto, en Estocolmo, Viena, Bruselas y Berna. En cambio, en los países y regiones donde está en contacto con otras culturas familiares, el orden militante flaquea. En la Suiza francoparlante los militantes pagan sus cuotas con menor regularidad, y una cierta actitud verbal revolucionaria delata la influencia del igualitarismo. en Francia da como resultado la SFIO, el socialismo del estofado.

Finalmente, en reacción a las dos ideologías laicas precedentes, en las regiones donde la fe había permanecido intacta (el mundo católico en Alemania) se genera la democracia cristiana. Este movimiento rechaza el «estatismo radical», pero reclama la intervención del Estado, bajo control eclesial, para proteger los derechos de los débiles.

Pionera de la seguridad social, Alemania ha desarrollado un modelo capitalista original, ni salvaje ni individualista. Su dinamismo económico nunca ha sufrido un desaire; en cambio, la evolución de la sociedad es más lenta. «Incluso unida, Alemania sigue siendo un país anticuado, tranquilo, trabajador. No se desboca ni por Europa». Sólo las regiones encerradas del resto de Europa se alegran de la construcción comunitaria: van a poder escapar del Estado-Nación.

La familia comunitaria.

En este bloque se encuentran Italia central (Emilia-Romaña, Umbría, Toscana) y Finlandia.

El eje de esta organización está en que todos los hijos pueden casarse y llevar a sus esposas al domicilio paterno. Rápidamente se forma una amplia estructura con la corresidencia vertical de tres generaciones, y horizontal de dos hermanos casados bajo la autoridad del patriarca. El reparto de los bienes es igualitario.

Familia. Harlingue-Viollet.
Harlingue-Viollet.

Este tipo de familia, probablemente el más extendido sobre el planeta, es raro en la Europa del oeste. Domina en Rusia, Serbia, Bulgaria, Hungría, Albania, Mongolia, China, Vietnam, India del norte, pero sólo tiene influencia en algunas regiones de la Comunidad. Permeable a todas las religiones –católica al sur, protestante en el norte y ortodoxa en el este– este modelo familiar se caracteriza por las dos ideologías que ha producido tras la desaparición de la metafísica religiosa: el comunismo y el fascismo. Las ciudades ideales, socialistas o nacionalistas, son, a imagen de la familia, autoritarias e igualitarias.

La socialdemocracia se acomoda a una heterogeneidad social (desigualdad entre hermanos) por poco que esté controlada por un Estado poderoso. El comunismo, por el contrario, busca la homogeneización en intentar abolir las distinciones de clases. En el otro extremo del tablero, el fascismo se distingue igualmente del nazismo. Ambos son muy autoritarios, pero el primero está «minado por el igualitarismo» mientras que el segundo busca la sumisión de «hombres desiguales». El nacionalismo mussoliniano no afirma la inferioridad de los otros pueblos y sólo tardíamente aplicará medidas antisemitas.

Italia central ha producido al mismo tiempo el fascismo y el comunismo. El primero ha desaparecido; el segundo sigue estando vivo: los toscanos siguen votando comunista. El caso finlandés es menos claro. Un partido fascista tuvo sus horas de gloria, llegando incluso a prohibir el partido comunista en 1930. Pero la extrema derecha ha permanecido siempre minoritaria, mientras que la izquierda llegaba a conquistar el 40% de los sufragios.

Idiotizada durante siglos por la Contrarreforma católica, Italia central se ha mantenido dentro de un subdesarrollo relativo. Ahora levanta el vuelo: la riqueza creada por habitante es una de las más importantes de Europa. Debería fundirse sin esfuerzo en el molde regionalista.

La familia nuclear absoluta.

Esta estructura se encuentra en Holanda, Dinamarca, sur y este de Gran Bretaña, sureste de Noruega, norte de Dinamarca, Le Maine y Anjou, y Bretaña.

Sus características son: el joven adulto debe escapar muy pronto de la autoridad paterna. Pero, a diferencia de la familia nuclear igualitaria, el padre es libre de repartir como quiera sus bienes entre sus hijos por testamento. Se trata de un modelo individualista, indiferente a las nociones de igualdad y desigualdad, poco dado a la solidaridad familiar.

Familia. Kevstone.
Kevstone.

Con la excepción de Bretaña (mantenida en el catolicismo manu militari) todas las regiones donde dominan las familias nucleares absolutas se convirtieron al protestantismo. No obstante, bajo la influencia de dos teólogos, el holandés Arminius y el danés Grundtvig, rechazan al sacerdote, vuelven a poner en cuestión el dogma de la predestinación y vuelven a introducir el ideal del libre albedrío, la salvación por las obras.

Es ahí cuando nace el liberalismo. Spinoza y Descartes se refugian en Holanda para poder escribir, mientras que Voltaire queda admirado por la primera monarquía parlamentaria. Aunque poco alfabetizada, Inglaterra lanza la revolución industrial. El Mayflower exporta lo importante a Estados Unidos.

El retroceso religioso es más tardío (finales del siglo XIX) que en la cuenca parisiense. Sin embargo, es más masivo y da lugar a dos ideologías típicamente british: el laborismo y el liberal aislacionismo.

El socialismo británico es extraño. No propone ninguna reforma global de la sociedad, acepta las distinciones de clases, desconfía del Estado y, cuando llega al poder, da la impresión de no tener ganas de ejercerlo (Todd habla de «cero-socialismo»). «El Partido Laborista parece buscar ante todo la preservación de la libertad de maniobra del sindicato».

Por su parte, el nacionalismo es débilmente agresivo. El pueblo inglés, que no se considera «ni líder de un grupo de pueblos equivalentes (modelo francés), ni la cúspide de una jerarquía mundial (modelo alemán)», se repliega sobre sí mismo. Paradójicamente, este aislamiento no impide la constitución de un inmenso imperio colonial ni la colonización de Estados Unidos.

El Reino Unido, los Países Bajos y Dinamarca algunas veces dan la impresión de desinteresarse de los asuntos del continente. Su actitud es en realidad ambivalente. La hostilidad a la construcción comunitaria se combina con una sobreadaptación a Europa. Ellos perciben a todos los pueblos como diferentes y eso les parece muy bien. Tienen una gran actitud a aceptar el planeta en su totalidad. Además, tienen una gran plasticidad social. Reaccionan muy deprisa.

Las familias atípicas.

Bajo este epígrafe se definiría a la familia troncal incompleta. Ni comunitaria, ni verdaderamente familia troncal. La encontramos en las zonas de fricción del mundo latino y del mundo germánico, así como entre la Francia d’oil y la Francia d’oc. Desgraciadamente, estas regiones no constituyen una síntesis audaz. Única sorpresa: es aquí donde encontramos las tres sedes de las instituciones europeas.

La familia matriarcal. La autoridad es ejercida por la madre. Está presente en el suroeste ibérico y estaría en el origen de un voto atípico: más del 40% para el partido comunista.

La familia patrilineal con residuos endogámicos. Un barbarismo para decir que la familia corsa está muy próxima al modelo árabe, excepto en el matrimonio entre primos. La familia lo es todo, el Estado no es nada. Los clanes invaden el Estado para impedir que se desarrolle. Córcega fue el único fracaso del Estado jacobino. Se puso en evidencia en 1975 boicoteando el censo.

Los casamientos.

La religión está muerta, el proletariado está en declive, las ideologías se descomponen e incluso la familia no está demasiado bien. «Los valores de autoridad o de libertad que guían a la modernidad posindustrial, probablemente ya no son mantenidos exclusivamente por los sistemas familiares. Pero la escuela, el vecindario y la empresa sirven también de relevo. Puede postularse una difusión de los valores tradicionales en el conjunto del cuerpo social».

Resumiendo, la cultura de las cuatro familias europeas continúa impregnando el continente. Una característica autoritaria, «capaz de frenar la retracción industrial, de estabilizar el sistema de partidos, y el amor al Estado» continúa marcando a Alemania, Austria, Suiza y, en lo que respecta sólo al terreno político, a Italia y Suecia. Una característica liberal, catalizadora de evoluciones socio-profesionales o políticas particularmente rápidas persiste en Gran Bretaña, Francia, Dinamarca, España y Holanda.

La actitud con respecto a los inmigrantes es un ejemplo de la dificultad de construir la Europa de los ciudadanos. En nombre de la libertad y la igualdad, Francia persevera en el dogma de una asimilación necesaria. Se mezclan el ius sanguinis y el ius soli. Un código generoso de la nacionalidad hace franceses el 95% de los niños nacidos en Francia de padres extranjeros. El código alemán garantiza que el 95% de los niños extranjeros seguirán siéndolo. Finalmente, el liberalismo inglés navega a vista, guiado por conceptos intermedios. El respeto de la diferencia lleva a crear ghettos, el individualismo autoriza las adaptaciones, los casamientos mixtos, fuente innegable de éxitos individuales.

Europa ¿será universalista? ¿Respetuosa de la diferencia? ¿Etnocéntrica? Los europeos no podrán definirse si no se ponen de acuerdo sobre la definición del Otro. En el plano político el problema es parecido. La crisis ideológica contribuye a hacer aflorar los temperamentos fundamentales. Me gustaría enormemente que la Europa política se haga sobre base claras de reconocimiento de las diferencias, pero muy adentro de mí no creo que se haga.

Naturalmente, todo lo dicho hasta ahora no es serio. No hay ninguna razón para creer a este hombre de 39 años, de aspecto juvenil, que en las próximas semanas tendrá ante sí los grupos de antropólogos, geógrafos e historiadores. Ninguna razón para creerle, si no es ésta: Emmanuel Todd ha escrito La Chute finale, una obra que anunciaba la descomposición del sistema soviético. Fue publicada en 1976.

François Feron.
Corrección a partir del original en francés: Loto Perrella.

© Libération. Acceder al artículo original en francés.

El mapa de la estructura familiar en Europa. Imagen: Francina Cortés. De la versión de «El Periódico de Catalunya». Lunes, 7 de Mayo de 1990. Página 26.
El mapa de la estructura familiar en Europa. Imagen: Francina Cortés. De la versión de El Periódico de Catalunya. Lunes, 7 de Mayo de 1990. Página 26.

Las familias en Europa.

Familia nuclear igualitaria. Familia nuclear igualitaria. Imagen: Francina Cortés.

Familia nuclear igualitaria.

Tradición de estas regiones (1500-1900): a la edad adulta, los hijos dejan el hogar paterno. El patrimonio se reparte equitativamente. Valores: libertad e igualdad. Ideologías: a la derecha, liberal-militarismo; a la izquierda, anarco-socialismo.

Familia troncal. Familia troncal. Imagen: Francina Cortés.

Familia troncal.

Tradición (1500-1900): uno de los hijos se queda con el padre. Los otros eligen entre quedarse en el hogar solteros o casarse y marchar. Valores: autoridad y desigualdad. Ideologías: a la izquierda, socialdemocracia; a la derecha, pangermanismo, nazismo, neutralismo.

Familia comunitaria. Familia comunitaria. Imagen: Francina Cortés.

Familia comunitaria.

Tradición (1500-1900): los hijos se casan y permanecen en el hogar paterno. En caso de reparto, se hace equitativamente. Valores: autoridad e igualdad. Ideologías: a la izquierda, comunismo; a la derecha, fascismo.

Familia nuclear absoluta. Familia nuclear absoluta. Imagen: Francina Cortés.

Familia nuclear absoluta.

Tradición (1500-1900): los hijos adultos abandonan el hogar paterno. El reparto del patrimonio es desigual. Valores: libertad e individualismo. Ideologías: a la izquierda, laborismo; a la derecha, liberal-aislacionismo.

Dibujos de los esquemas familiares: Francina Cortés. De la versión de El Periódico de Catalunya.

El despertar cultural. Imagen: Francina Cortés.
El Portugal actual aparentemente todavía no ha superado el nivel de alfabetización de Suecia en el siglo XVIII. Imagen: Francina Cortés. De la versión de El Periódico de Catalunya.

La familia define las diferencias estructurales europeas, según Todd. Imagen de archivo de la versión de «El Periódico de Catalunya».
La familia define las diferencias estructurales europeas, según Todd. Imagen de archivo de la versión de El Periódico de Catalunya.


Nota:

1L’Invention de l’Europe (La invención de Europa). Ed. Seuil. 540 pàg. 195 F.


Enlaces relacionados:

Capitalismo de rostro humano. Brauli Tamarit.

Anna Cabré: «Todo el mundo que entra en Cataluña, tarde o temprano, se hace catalán, y todo el mundo que sale deja de serlo».

La asamblea del hogar. Brauli Tamarit.

Portada | ¿Quiénes somos? | Enlaces | Agenda | Actividades realizadas | Contacto