Es curioso que esto lo hizo muy bien Marx. Es de las pocas cosas, digamos, que redondeó en este sentido de reafirmación subjetiva.
Marx estuvo haciendo de profeta, diríamos, en Los Manuscritos y todo aquello que gusta a los curas, -que lo manipulan mucho, por cierto, como manipulan las Escrituras y como manipulan todas estas cosas-, y de repente, paró.
Se estuvo quince años parado, quince años. En Londres se metió en el British Museum, allí tenía para estudiar todo lo que quería.
Paró de hablar de los sufrimientos de los pobres, porque el sufrimiento de los pobres es una cosa de filosofía, es una cosa profética. En cambio, qué sé yo, la ley de la oferta y de la demanda no es una cosa profética, es una cosa concreta, práctica y técnica.

Cuando hubo estudiado todo esto, -y, además, en el British Museum encontró todos los libros de toda la tradición burguesa, prácticamente, de los grandes ideólogos de la economía del mundo liberal, que era una tradición que no tenía nada que ver con el Cosmos, que era una tradición de nuestra sociedad, que la definía, además, básicamente- entonces escribió El Capital, en el cual no hay una sola concesión al otro mundo, ni una. Leerlo y veréis.
Además, se convirtió. Se dijo: «yo he estado un tiempo de profeta. Ahora voy a hacer de lampista, poner las tuberías bien puestas, los grifos bien hechos y los empalmes de agua bien hechos». Esto no se da en el otro. El otro es sólo un empuje.
Si observáis, ¿el otro está o no está?... ¡Y tanto que está! La diferencia entre El Capital de Marx y un libro del Stuart Mill, o de Adam Smith, o del Ricardo, -que eran los grandes teóricos de la economía de su tiempo...-, la diferencia está en que Marx, además, todo eso lo hace solamente para una cosa: porque quiere que los hombres se hermanen. En cambio, a los otros les importa un «bledo». Es la diferencia que hay.

El decía que, en aquél momento, aquel sistema era el válido, pero que después se había de hacer otro y esto es correcto.
Esto quiere
decir que toda persona que ha dado la vuelta por el otro lado y
vuelve a este mundo da soluciones técnicas en base a mucho estudiar
y de fiarse en nada de su inspiración. Aquí no, aquí
no puede haber ninguna inspiración. Aquí no hay sonámbulos,
¿eh?. Aquí a currar, a trabajar, a sudar y a conocer la nosteridad
para transformarla en
otras nosteridades más de acuerdo con
la alteridad.
Y entonces, haciendo soluciones y cambiándolas, haciéndolas y cambiándolas, haciéndolas y cambiándolas, haciéndolas y cambiándolas, hasta el final.
Bien, pienso que con estos cuatro puntos queda bien definido esto que podría ser un mundo alternativo frente a un mundo nuestro. Y termino aquí.
(Aquí empieza el debate).