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Publicaciones:

Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Apartado de Jorge Aniceto Molinari.

Trabajo: hay mucho para hacer.

(Abordando eso gris, que parece la teoría).

A propósito de una interesante nota de Esteban Valenti.

Jorge Aniceto Molinari.Estima OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto del Poder Ejecutivo de Uruguay): que el 65% de los empleos actualmente existentes en el país, en un futuro relativamente cercano podrán ser sustituidos por software-robots.

¿Es el fin del trabajo asalariado o es el fin de todo tipo de trabajo o simplemente de una reducción con lo que ello implica?

Sin duda que lo que está en crisis es el trabajo asalariado, lejos aún de desaparecer de la faz de la tierra, pues su nacimiento está directamente emparentado con el modo de producción capitalista, y lo que la crisis ya inexorable lleva a su fin es a la predominancia de este modo de producción, ahogado ya que organiza el trabajo en la sociedad en función de la tasa general de rentabilidad –es su ADN, como se dice ahora–. Le resulta entonces más rentable desarrollar la industria de la guerra que hacer algo en beneficio de la gente. No busquemos entonces solo razones éticas en su modo de proceder, sino comprender la base económica del problema, que nos permitan apuntar hacia las únicas soluciones radicales (de la raíz) que el problema tiene.

Están los de derecha y también los de izquierda que se resisten a admitir que este modo de producción tiene límites y que modificar las condiciones en que se procesa la crisis, tiende inexorablemente a conducirnos a cuáles son los caminos para la transición en paz de la predominancia de un sistema hacia procesar el nacimiento de otro modo de producción.

Hasta ahora ha predominado lo que resultó de la derrota –al menos por un lapsus de tiempo en la historia de la humanidad– de las ideas de Marx, Engels, y luego de la muerte de Lenin, que lleva a pensar en el aparato del Estado como el único medio de generar un sistema económico que confronte con el capitalismo. Lo que no quiere decir que en determinadas circunstancias coyunturales ese ha sido el camino –el del Estado– para resolver los problemas de la gente, como ocurrió en la primer guerra mundial.

Nosotros pensamos que como horizonte político, es una vía muerta y que es precisamente en el trabajo asalariado donde en mayor grado se expresa esta contradicción.

El trabajo asalariado es en este periodo histórico en que la predominancia del sistema de producción capitalista tiene vigencia, un regulador de todas las relaciones sociales, de la salud, de la enseñanza, de la forma de vida de la gente.

Existen y sin duda que tienen valor otras formas, pero es la del trabajo asalariado la que determina lo que hoy se llama el estado de ánimo de toda la sociedad. La gente siente que el trabajo asalariado comienza ser cada vez más escaso y con diferenciaciones abismales en las formas de remuneración. Este hecho es también visible en las diferenciaciones salariales del llamado socialismo real.

Por eso nuestra machacona insistencia en que si el mundo regula su actividad económica poniendo al servicio de la humanidad una medida monetaria única y universal que hoy sólo está al alcance de los conglomerados empresariales multinacionales a través de una canasta de monedas y los seguros correspondientes, transforma radicalmente los sistemas impositivos que hoy están basados en los impuestos al consumo, al trabajo y a las pensiones, por un sistema basado en la circulación del dinero, donde ninguna transacción es válida si no está debidamente registrada en los organismos que la sociedad determine, para entrar así en un camino para impedir la guerra, asegurar la paz, y crear el trabajo necesario y beneficioso para la gente, que hoy el capitalismo no aborda porque no le es rentable.

Esto no elimina ni la existencia del capitalismo, y por lo tanto la existencia del trabajo asalariado, pero el hecho de que la sociedad tenga recursos para encarar tareas que la humanidad necesita y que al capitalismo no le son ya rentables, significa un avance gigantesco y hace del trabajo asalariado –que crecerá al menos en una primer etapa– una necesidad social no al servicio de la rentabilidad sino al servicio de la propia gente. Seguramente en el desarrollo de estas tareas lo que elimine de trabajo asalariado la tecnología, se ganará en provecho de un mejor estándar de vida general de la sociedad, y dará una nueva base para los sistemas de protección social.

No se trata de crear una renta personal básica y universal, sin tocar los resortes básicos del predominio del modo de producción capitalista: la moneda y los impuestos, si no de tener instrumentos sociales –en todas las disciplinas–, que permitan que el conjunto de la población esté apto para cumplir una actividad beneficiosa para la sociedad toda. Ello está en directa contradicción con las burocracias estatales que hoy la tecnología muestra que es posible desechar, sin desechar la democracia, que hoy más que nunca siente el peso precisamente de los aparatos burocráticos.

En esto nos va la vida, entre la guerra y la capacidad de dar nacimiento al desarrollo de un nuevo modo de producción que han insinuado y avanzado particularmente en la enseñanza y en la salud, las revoluciones socialistas.

Jorge Aniceto Molinari.
Montevideo, 22 de diciembre de 2016.

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