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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Apartado de Jorge Aniceto Molinari.

Conferencia: «Un proceso justo y transparente del problema de la deuda externa».

ATTAC. Justicia económica global. Logotipo.Expositores: Dr. Pedro Morazán y Ec. Jürgen Kaiser. Comentaristas: Diputado José Amorín Batlle, Senador Enrique Rubio, Jorge Molinari por ATTAC-Uruguay, Gustavo Bernini y Cr. Julio Fornaro por AEBU. Moderadora: Diputada Margarita Percovich.

Auspician: Presidencia de la Cámara de Representantes, FESUR, AEBU y ATTAC-Uruguay.

Martes, 29 de octubre de 2002.

Jorge Aniceto Molinari.(Reproducimos la intervención de Jorge Molinari por ATTAC, que en esta oportunidad consistió en un comentario leído).

Luego de la exposición de los distinguidos catedráticos Pedro Morazán y Jürgen Kaiser, atendiendo además a lo que ellos han estado difundiendo en distintas publicaciones; y agradeciendo a la Presidencia de la Cámara de Representantes, a FESUR, a AEBU, como integrantes de ATTAC-Uruguay, queremos comentar algunos aspectos, que a nuestro entender son sustanciales para comprender el difícil momento actual.

Hay elementos centrales que están a consideración:

  1. El crecimiento exorbitante de la Deuda Externa y las crisis que esta situación genera.
  2. Las importantes experiencias históricas sobre la materia, fundamentalmente las deudas y los planes vinculados a ellas, luego de la Segunda Guerra Mundial, y aunque las soluciones actuales no van a ser iguales, deben recoger las enseñanzas –buenas y malas– que esas soluciones dejaron.
  3. Recoger experiencias a nivel nacional de países como EEUU, a través del capitulo 9 del código de insolvencia. Tratado que ampara, también internacionalmente, a sectores desprotejidos a la hora de atender los efectos contractuales que generan entre otros elementos precisamente la insolvencia.

También nosotros tenemos una experiencia legal interna; son temas sobre los que tendremos que estudiar, trabajar y aprender para incorporarnos a los planteamientos que ya se están realizando en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial.

Y nosotros agregaríamos algunos elementos más. Por ejemplo lo que tiene que ver con las condiciones impositivas internas a las que están sometidos los países deudores. Asociado esto con la crisis fiscal, que apremia la necesidad de recaudación, el aumento constante de la informalidad, y el manejo del signo monetario como un instrumento que genera subsidios indiscriminados, ya sea a las importaciones o a las exportaciones, según se incline la balanza –pero siempre a favor del que tiene más poder económico–, y el deterioro del nivel de vida de los sectores medios y bajos de la sociedad que no tienen sus recursos vinculados al dólar.

El tema del arbitraje es de una enorme importancia conceptual. Con esto, ¿qué queremos decir?: que más allá de encontrar elementos instrumentales, que los hay y que nuestros distinguidos disertantes tienen experiencias muy valiosas, el tema de la insolvencia es de tal magnitud que obliga a su tratamiento prioritario.

El solo hecho de tener un ámbito donde analizar, las causas, el origen de la insolvencia, es de por si relevante.

E insistimos en hablar de «insolvencia» porque de eso se trata en esta crisis. Y asociada a la insolvencia, como una sombra la corrupción. Así tenemos dos asociaciones de ideas fundamentales:

  1. Insolvencia-corrupción.
  2. Arbitraje-transparencia.

Para nosotros se repite a nivel universal, con estas consecuencias que estamos analizando una situación que a fines del siglo XIX y principio del XX, se dio con la revolución industrial.

Fundamentalmente en países que se estaban desarrollando vertiginosamente, el efecto de esta revolución, la acumulación acelerada de capitales, que permitía a los empresarios participar activamente en la feroz competencia desatada, originaba por otro lado un agravamiento insostenible de los enfrentamientos sociales.

Para cada capitalista la explotación feroz de sus trabajadores era la contracara necesaria para la competencia que desataba la revolución industrial.

¿Qué surge entonces frente a este desafío?: por un lado el crecimiento de las corrientes ideológicas que reivindicaban la liberación de los sectores explotados y por otro las ideas en torno a buscar una salida que permitiera atemperar esos enfrentamientos, y solidificar el estado nacional.

A esta última tesis se afilió Alemania, como otros países en pleno desarrollo industrial, a través del gobierno de Bismark. Señalamos hechos, no hacemos un juicio de valor que no corresponde a este comentario. Hay numerosas referencias a que esto fue el origen de la seguridad social. Sobre el aporte de las empresas –sin interferir en la competencia– se asignaron recursos destinados a atender las acuciantes necesidades de la sociedad.

En el Uruguay –en los marcos nacionales– esta política se transformó en leyes con el trabajo político y social de una generación, que entre otros, encabezó don José Batlle y Ordóñez.

Lo que viene después es otra historia; los enfrentamientos entre naciones, crisis bélicas impresionantes para resolver estos enfrentamientos y las salidas que la humanidad encontró para los endeudamientos bélicos. Endeudamiento que ha merecido el detenido análisis tanto del Dr. Morazán, como del Ec. Kaiser, para extraer enseñanzas para la situación actual.

Hoy estamos en otra etapa; a la que se llegó fundamentalmente por el desarrollo económico, predominando en el plano ideológico las concepciones neoliberales. Las empresas tomaron una proyección multinacional; y el derrumbe de las barreras nacionales significó también el derrumbe de la seguridad social de cada uno de los países, particularmente de los más pobres, donde va muriendo el aporte empresarial a la misma, generando una brutal contradicción: cuanto más recursos se necesitan, es cuando más escasean.

El mundo asiste hoy a permanentes corrientes migratorias, al crecimiento de la informalidad, a la marginación social, a nuevas formas empresariales comandadas en forma creciente por los centros financieros internacionales que aumentan su poder y en consecuencia deciden el destino de millones y millones de seres humanos.

Un hecho que últimamente ha impactado; es la pérdida de ahorros por parte de ciudadanos comunes frente a la crisis financiera; y no estamos hablando solamente de Uruguay, Argentina, sino también de la pérdida de ahorros, de fondos de pensión, a través de Enron, y otras situaciones fraudulentas, en el seno mismo del mayor desarrollo capitalista.

Frente a estos hechos la respuesta a través –no sé si es correcto llamarlo así– del keynesianismo de guerra a la grave recesión que afecta a países como EEUU; agrava aún más la situación de los sectores más desprotejidos. Tampoco esta idea es nueva, y una vez más se recurre a la guerra y a la industria de guerra para resolver las crisis.

Y por si esto fuera poco el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, advierte sobre peligros de inestabilidad financiera en el propio EEUU, y la posibilidad de una corrida en los depósitos bancarios1.

Todo lleva a la necesidad del ARBITRAJE, y en ello estamos pensando, cuando propiciamos la aplicación de un impuesto o tasa a las transacciones financieras a nivel universal. Y lo pensamos además apostando a la gente, a la aplicación en beneficio humano de todos los adelantos que la revolución técnico-científica ha proporcionado.

Cuando el ex-ministro Cavallo –en la Argentina– recurrió al instrumento de la bancarización como uno de los medios de recaudación fiscal; muchos lo apoyaron porque vieron un medio para combatir uno de los males de estos países, la evasión y la elusión impositiva. Pero no se podía bancarizar para impedir la informalidad de un sistema productivo en plena crisis.

Esto no descalifica la necesidad de la bancarización; sino que para bancarizar –entendiendo por ello el llevar a toda la sociedad los adelantos de la organización empresarial– es necesario empezar por la cabeza, y esto es nada más ni nada menos, que lo que proponemos cuando hablamos de un impuesto o tasa a las transacciones financieras a nivel universal.

***

A esta altura del comentario no queremos eludir la responsabilidad de marcar la necesidad de un debate.

Por lo general nuestros amigos europeos –pero no sólo ellos– ven la llamada Tasa Tobin como un instrumento de equilibrio del sistema financiero. Reconocemos que esa fue la idea inicial de James Tobin, pero nosotros insistimos en ir más allá y para ello hacemos una comparación histórica: el nacimiento de la seguridad social a nivel nacional a fines del siglo XIX –particularmente en Alemania– y la necesidad hoy de aplicar este criterio a nivel universal.

En el aspecto instrumental el arbitraje necesariamente debe recurrir a las mejores experiencias de la sociedad humana. Se multiplican en el mundo las instituciones que tratan a todo nivel cada una de las situaciones críticas; en el campo de la salud, de la enseñanza, de la ecología, del trabajo, del medio ambiente, de la preservación del patrimonio histórico de la humanidad.

Se necesita entonces la voluntad política para avanzar y profundizar en democracia, porque no es otra cosa el coordinar la acción efectiva de todas estas experiencias.

El concepto de arbitraje es el que da nacimiento a las Naciones Unidas, a la UNESCO, a la OIT, a la Organización Mundial para la Salud, etc. etc.

Como a fines del siglo XIX, hay que decidir políticamente tomar los recursos del lugar en donde estos se vienen concentrando aceleradamente; y a partir de esas premisas extender hasta los últimos rincones del planeta el fruto del trabajo humano, respetando las más sanas costumbres y tradiciones que la humanidad ha ido generando en el transcurrir de los siglos.

De no hacerlo así, la gravedad de la crisis, profundizará los daños irreparables contra los seres humanos, la ecología, el medio ambiente...

Un capítulo aparte merecería el tema de la unidad monetaria; tal vez sería por sí solo tema de un seminario. Sobre todo para nosotros que vemos día a día decrecer nuestro nivel adquisitivo por la depreciación de nuestro signo monetario.

Los acuerdos que dieron origen al Fondo Monetario Internacional, merecen ser revisados. Podría ser ésta, una etapa más madura del arbitraje. Para nosotros es urgente. Como diría nuestro José Artigas: «la causa de los pueblos no admite la menor demora».

Tal vez no esté lejos el día en que la humanidad así como tiene una unidad de medida y de peso universales, también la tenga a nivel de la medida monetaria.

La tarea de nuestros visitantes, nos da una renovada esperanza, en soluciones a todos estos temas.

Unámonos para poder decir adiós a las armas. Porque un mundo mejor es posible.

Muchas gracias.

Jorge Aniceto Molinari.


Nota:

1El País de Madrid, domingo, 13 de octubre de 2002.

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