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Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el diario Avui, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979, traducidos al castellano.

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Lluís Maria Xirinacs.
Artículos publicados en el rotativo Mundo Diario, cuando Lluís Maria Xirinacs era senador independiente en las Cortes Constituyentes españolas, entre los años 1977 y 1979.

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Àfrica Ragel: «Fuera pantallas: hay que volver a leer en papel y a escribir a mano».

Catorze. Cultura Viva. Logotipo.Catorze. Cultura Viva. Miércoles, 11 de octubre de 2023.

La cultura en la escuela.

Àfrica Ragel: «Fuera pantallas: hay que volver a leer en papel y a escribir a mano».

La profesora de catalán asegura que «se aprende mucho mejor escribiendo a mano que a ordenador».

Gemma Ventura Farré.

«Soy profesora de catalán y de literatura. Ahora estoy en un instituto de nueva creación de Vallcarca, donde todos los alumnos son de primero de ESO. Somos siete profesores y hemos decidido que no se utilizarán tablets ni móviles. No tenemos ordenadores. Hemos empezado el curso con papel y boli, y me he dado cuenta de que era necesario: no saben escribir. Con el ordenador sí, pero a mano, no. Hay muchos que escriben con letra de palo. Están acostumbrados a teclados. Es culpa de todos: ¿qué hacen en casa? Escriben con el móvil, ¿y en clase? Todo son pantallas. Y esto tiene consecuencias en el leer y en el escribir». Me lo dice Àfrica Ragel, profesora y escritora, en La cultura en la escuela, la sección hecha con el Consorcio de Educación de Barcelona.

Àfrica Ragel. Foto: Gemma Ventura.
Àfrica Ragel. Foto: Gemma Ventura.

–¿Qué motivos darías para que escribiéramos más a mano?–

–De entrada, se aprende mucho mejor escribiendo a mano que con el ordenador. El gesto que haces al hacer una palabra ayuda a interiorizarla: te hace parar a pensar qué quieres decir, de qué manera lo quieres decir. Hace que te concentres más. Ponerle una grafía también es una forma de creatividad, porque cada cual tiene su letra. En cambio, si te la encuentras hecha en un teclado, no hay personalidad, sólo la tienes que pulsar. Y está claro que vas mucho más rápido, pero te pierdes lo más importante: la interiorización. Al final es una muestra de la aceleración con que vivimos: correr sin profundizar. Y los niños no necesitan ir rápido, tienen que tener tiempo para hacer, no para acabar.–

–Yo misma escribo a mano lo que tengo que hacer cada día. Y no es lo mismo cuando lo apunto en una nota del móvil.–

–Claro, porque mientras lo escribes, pasa por dentro tuyo. Y no sólo esto, también hay la memoria: lo que escribimos a mano lo memorizamos mejor que lo que copiamos con un teclado. Sólo hay que pensar cuando nosotros de jóvenes tomábamos apuntes para estudiar: hacíamos esquemas, estructurábamos ideas. Y también fortalece la comprensión lectora: si has escrito la palabra, es más fácil que la puedas reconocer. Cuando a mis alumnos les pido que busquen información, también les pido que la copien a mano en un papel. Fuera pantallas: hay que volver a leer en papel y a escribir a mano.–

–Escribir a mano es una forma de luchar contra la velocidad de la sociedad, que ya ha entrado en la escuela.–

–Sí, incluso ayuda a reducir el estrés: porque hay la parte física, la mano, el cuerpo. Fíjate cuánta gente adulta pinta mandalas para relajarse. Hoy en clase hemos hecho una clave dicotómica de acentuación, y la copiaban mientras la deducíamos entre todos: ¿donde cae la sílaba tónica? ¿Es plana, aguda? Para ellos era como pasar la pantalla de un juego, llegaban al final y decían: «¡Que bien!» Y era tan simple como copiar a mano un ejercicio. Con el ordenador no lo verían, incluso el vínculo que se crearía en clase sería diferente.–

–En Suecia han detenido toda la inversión en pantallas para volver a los libros.–

–Mi instituto es free móvil, de buena mañana lo dejamos en las taquillas: los alumnos y los profesores. Todos estamos todo el día sin mirar el móvil. Las familias lo agradecen y lo saben: si pasa algo les avisaremos, y si ellos tienen que avisar de lo que sea, pueden llamar a secretaría, como siempre se ha hecho. Y en la hora del patio, los niños, en vez de estar callados, quietos y abducidos por la pantalla, juegan, corren y hablan. Les dijimos que si alguien a escondidas lo llevaba, se requisaría y tendrían que venir las familias a buscarlo. Y funciona muy bien.–

–¿Por qué habéis dicho que no a la pantalla?–

–Porque queremos controlar el ciberacoso. Y porque se desconcentran muchísimo con el móvil.–

–¿Lo has notado mucho?–

–Desde que no tienen pantallas, se concentran mucho más. Y yo también: no tengo que estar vigilando a ver qué está mirando. Puedes hacer que no tengan acceso a YouTube o en las redes sociales, pero saben cómo llegar a otros lugares. O a la hora de tomar apuntes: no es el mismo estar tecleando que poder hacer tus esquemas. Las pantallas hacen que la atención sea muy dispersa, que no entres a fondo en lo que estás aprendiendo. En cambio, coges papel y boli y haces tus títulos, los subrayas, los peinas. Ilustras los razonamientos.–

–Muchos adolescentes lo último y lo primero que miran cada día es el móvil.–

–Vas al restaurante y familias con niños pequeños les endilgan el móvil para que no molesten. Yo tengo cinco hijos e iba cargada de cuentos. O los ves en el cochecito con tablets inmensas, llegan a secundaria y son yonquis de las pantallas. Pero se adaptan rápido, ¿eh? En clase ya no echan de menos el móvil.–

–Por internet topas con mensajes cortos, simples. En un libro hay una complejidad, una atención, un tempo.–

–En la biblioteca del instituto tengo catorce alumnos. Se sientan en círculo, leemos en voz alta. Y digo: «¿Un voluntario para buscar información sobre el autor?» He hecho unos carnés y cuando han hecho diez cosas voluntarias, tienen un premio: un libro, un descuento en la librería, una subida de nota. Me decían: «Es la primera vez que sé de qué va un libro cuando lo leo».–

–Entonces estás diciendo de que hay niños que leen muy bien pero sin entenderlo.–

–Y tanto. Que leen en voz alta, con una dicción impecable, mientras piensan en otras cosas. Y si tienen que leer en digital en casa, ahora les suena un Whatsapp, ahora me han hecho un like en Instagram, les es muy complicado concentrarse en cualquier lugar.–

–Pero nos pasa a todos, ¿verdad? Incluso a mí me cuesta más concentrarme ahora que hace cinco años.–

–A mí también. Estoy en el sofá de casa, miro el móvil y ya me ha pasado media hora. Y si te despistas, las noticias las lees en diagonal.–

–¿Como podemos protegerles de esta adicción?–

–Dándoles lo que es más difícil de encontrar: tiempo lento. Y con esto hace falta nuestro ejemplo, seamos padres o profesores. Volver a leer despacio, un cuarto de hora temprano cada noche, con los hijos. Y convertirlo en una experiencia: de pasar el papel, mirar la cubierta, el lomo, las guardas. Lo que más me gusta es cuando me dicen: «¿Me puedo llevar este libro a casa?»–

–¿Que no tenemos que hacer?–

–Hace años, en tercero de ESO, leímos Mar i cel (Mar y cielo) en voz alta, en círculo, y cada cual interpretaba un papel. Mientras tanto, en mi casa, durante tres semanas, les monté una escape room. Fue muchísimo trabajo y sólo duró una hora en clase. Y pensé: me complico la vida. Que nos lo pasamos muy bien, pero una escape room no hace que te enganches a la lectura, lo consigues sentados todos en círculo, leyendo con calma.–

–Se habla mucho de innovar y lo que funciona es lo que se ha hecho siempre.–

–Sí, porque uno de aquellos chicos a quienes les hice la escape room no hace mucho me dijo: «Recuerdo cuando leímos en círculo Mar i cel (Mar y cielo)». Del escape room ni se acordaba. Es tan sencillo como hacer lo que se ha hecho siempre: cuando antes de ir a dormir te explicaban un cuento, o cuando en los pueblos se explicaban historias.–

–Pero para muchos jóvenes leer es un aburrimiento.–

–Sí. Cuando dije: «Tendréis una hora de biblioteca», me dijeron: «Qué palo». Y ahora desean ir. Cuando empiezas con: «Ahora haz un resumen, ahora haz un examen», leen para aprobar. Aquí es por placer.–

–¿Y como te lo haces para asegurarte que te siguen?–

–Leen todos: desde que el que lee más rápido hasta el que lo hace más despacio. Y hacemos paradas muy breves en que les pregunto: «¿Qué ha pasado? ¿Qué os parece?». Y dependiendo de la cara que hacen, ya ves si siguen la historia. Y si no, te dicen: «¿Qué quiere decir esto?». Pierden el miedo a preguntar.–

–¿Entonces el miedo de ser evaluado es lo que les bloquea?–

–Y tanto. Pueden preguntarme las palabras que quieran sin que los riña: «¡Esta palabra la tendrías que saber!». No hay exámenes. De hecho, cuando las otras clases pasan ante la biblioteca, no pueden llamar a la puerta. Es muy bonito: no hay interrupciones.–

–También les haces escribir.–

–Y mucho: les hago hacer de escritores. Estamos leyendo una novela: ¿Como sería la habitación de la protagonista? ¿Me la puedes describir? ¿Si fueras su hermana, como os llevaríais? Les doy un texto y les pido tres finales diferentes. O: imaginaos que en esta clase se va la luz, llegáis y no hay nadie, ¿qué pasa? Otro ejercicio: les llevo una cajita con té y cogen un poquito y crean a partir del olor. O con el tacto: llevo una bolsa oscura con un estropajo, maderas, y tocándolo tienen que hacer un texto. Y los ejercicios rápidos: ha pasado esto y a partir de aquí continuáis la historia. Cuando llevan diez minutos escribiendo, ahora vuestro personaje ha sufrido un accidente y ha perdido una pierna, continúa. O también les hago escribir y, una vez acaban, les enseño la teoría, nunca antes. Porque así no les condiciono y así, una vez hecha, entienden mejor qué es, por ejemplo, un final abierto. El año pasado en bachillerato hacíamos la asignatura de creación literaria, y los otros profesores me dijeron que habían notado que escribían mejor.–

–¿Que no se tendría que hacer?–

–La redacción del fin de semana. Porque vuelves lunes, ves que el de al lado ha ido a Port Aventura y yo no, porque no hay dinero en casa. En cambio, con la ficción no te tienes que poner en evidencia.–

–¿Que más les gusta hacer?–

–Hago carreras de dictados. Pongo dictados en DINA3 en la pared del patio y hago grupos de cuatro. Uno intenta memorizar la primera línea, vuelve corriendo, la dicta al que escribe y cuando se acaba el tiempo, intercambiamos los dictados, corrigen los de los otros grupos, y gana quién ha hecho más palabras bien. Tienen que memorizar acentos, comas. Lo que funciona es ir con paciencia y tiempo, que es lo que no tenemos porque hay el currículum. Yo tengo tres horas de catalán con ellos, y una de biblioteca, y me lo tomo con calma porque si entras a toda pastilla: «¡Copiáis este ejercicio y si no lo acabáis, en casa!», en casa lo acabarían, pero ¿entenderían algo?–

–Es que si no tiene mucho sentido esto de enviar toneladas de deberes a casa, ¿verdad?–

–No, porque hay niños que llegan a casa y no hay nadie, porque los padres trabajan, o porque no les pueden ayudar. Una de las obligaciones de la escuela pública es igualar a todo el mundo, por eso el trabajo se tiene que hacer en clase, que es donde estamos los profesores. Hay niños que tienen extraescolares hasta las nueve y media de la noche.–

–Hacer mucho no quiere decir aprender mucho.–

–Claro. Si aprenden cuatro cosas y no diez, como mínimo que estas cuatro queden bien. El primer trimestre lo dedico a la ortografía. Sé que por el currículum tendría que ir más rápida, pero es que si no tengo esta base, no se podrán expresar bien en sociales ni en matemáticas. Y con la comprensión lectora igual: no les puedo explicar los poemas de Carner si no entienden las palabras. O si no saben qué quiere decir una coma en una frase condicional, no podrán interpretar un problema de matemáticas. Tenemos que invertir un trimestre en esto, pero después todo irá rápido. Porque si no, pasa que te llegan en bachillerato y no entienden los enunciados o no saben puntuar. Ahora repetir es muy difícil: se tiene que poner de acuerdo un claustro. Es decir que vas pasando, llegas adonde llegas con este nivel. Los profesores no tenemos tiempo, y a veces tampoco ánimo: es terrible la burocracia que nos piden, las programaciones, el currículum. Y dices: ¿cuando podré dar clase? Y los alumnos, si entra una profesora, te suelta el rollo y te endilga cuarenta ejercicios de deberes, ¿qué ganas tienen que tener de aprender? Si queremos que se entusiasmen, tenemos que protegerlos de la velocidad, pero también tenemos que ser los primeros animados con lo que enseñamos. Porque tienen el derecho a aprender bien, y nosotros, la obligación de enseñar bien.–

Enlace del artículo original en catalán:

https://www.catorze.cat/estudi/la-cultura-a-lescola/escriure-a-ma-211752/


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«No phone challenge» o cómo conseguir que los jóvenes tengan una relación sana con el móvil. Sofía Lázaro. Crónica Vasca. Sábado, 8 de abril del 2023.

La imposición del 5G. Santiago Vilanova. El Punt Avui. Sábado, 10 de Octubre de 2020. Página 32.

Probando la tecnología 5G en el Ebro. Xavier Garcia Pujades. L’Ebre. Viernes, 12 de Junio de 2020. Página 30.

Los gurús digitales crían a sus hijos sin pantallas. Pablo Guimón. El País. Domingo, 24 de Marzo de 2019.

Adam Alter: «La adicción a las pantallas avanza silenciosa». El País. Miércoles, 25 de abril del 2018.

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