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Lluís Maria Xirinacs.
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Agustí Chalaux de Subirà.
Martí Olivella.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.
Opinió.
Xavier Garcia, Escriptor i periodista.
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¿Es posible un mundo sin dinero en efectivo?
Autor/es:
Guillermo de la Dehesa
Categoría: Política Monetaria
Imaginemos
un mundo sin circulación de billetes y monedas de curso legal.
Una consecuencia inmediata sería la desaparición del
dinero negro ya que los billetes y monedas son los únicos
medios de pago donde resulta imposible identificar a su portador.
Sin dinero no nominativo, todas las actividades ilícitas
que se llevan a cabo en el mundo- financiadas mayoritariamente con
billetes "al portador"- perderían su anonimato.
Consecuentemente, es muy probable que dejaran de llevarse a cabo.
Estoy pensando, ni más ni menos, que en el terrorismo, tráfico
de armas, de drogas, de personas (inmigrantes, hombres, mujeres
y niños), de órganos humanos, de animales y plantas,
de objetos robados, de objetos copiados o imitados, así como
en la gran y pequeña corrupción y en la evasión
fiscal. Sin billetes, viviríamos en un entorno mucho más
seguro, menos violento y con mayor cohesión social, al desaparecer
de un plumazo el mayor incentivo que ampara la actividad ilegal
en el mundo.
Paradójicamente, las autoridades políticas de todos
los países no son capaces de iniciar un proceso de acuerdo
para lograr una sociedad mejor en la que: (i) no hiciera falta tanta
policía pública y privada, (ii) pudiera reducirse
drásticamente el número de guerras, actos terroristas
y atracos, y (iii) solo fuera posible adquirir drogas por vía
legal, sin ocasionar una grave violencia sobre personas inocentes.
Nótese que en este mundo, una inmensa mayoría de los
ciudadanos saldrían muy beneficiados. Solamente, aquellas
minorías dedicadas a actividades irregulares o ilícitas
saldrían perdiendo.
¿Cuáles son las razones de que una reforma de este
tipo no tenga lugar en pleno siglo XXI donde ya existen alternativas
tecnológicas para realizar pequeños pagos (los únicos
que justificarían el uso de monedas y billetes) más
prácticas, rápidas, limpias, duraderas y eficientes
que el dinero en efectivo (por ejemplo, las tarjetas monedero, las
tarjetas de débito y crédito o los teléfonos
móviles, es decir, el llamado "dinero electrónico")?
La primera razón es que, especialmente en los países
desarrollados, hay algunas personas que, sin tratarse de delincuentes
o evasores de impuestos, prefieren utilizar el dinero en efectivo
para preservar su intimidad ante el temor de que el control del
estado sobre los ciudadanos llegue a las cotas de absolutismo que
George Orwell anticipó hace varias décadas. No obstante,
ante esta visión caben dos importantes respuestas. Por un
lado, la gran mayoría de los que comparten esta preocupación,
que no son muchos, no están pensando en utilizar el dinero
en efectivo para pagos elevados sino para afrontar los gastos corrientes
en su vida diaria. Por otro, una cosa es que deba preservarse el
inalienable derecho de las personas a su intimidad - a través
del estricto cumplimiento de la Ley de Protección de Datos
por parte de los intermediarios financieros - y otra bien distinta
es incentivar la economía sumergida que beneficia a unos
pocos a costa de perjudicar a una gran mayoría de ciudadanos.
La segunda es que existe una corriente de pensamiento libertario,
todavía influyente pese a ser minoritaria, que estima que
la existencia de una economía sumergida es totalmente legítima,
además de eficiente, ya que constituye la respuesta ciudadana
natural a la gran maraña de regulaciones del estado o al
excesivo nivel de impuestos en algunos países. Esta forma
de pensar podría tener cierta legitimidad en casos extremos
de algunos países poco democráticos con un control
excesivo del estado sobre sus ciudadanos. Sin embargo, este no es
el caso en las democracias: en una sociedad democrática,
si el estado no puede conseguir que la economía sumergida
pague impuestos se verá obligado a aumentarlos a los ciudadanos
y empresas que trabajan en la economía oficial.
Además, la gran mayoría de la regulación en
los países democráticos no es arbitraria o innecesaria
y, si así lo fuera, estaría condenada a desaparecer
rápidamente por la presión de los votantes perjudicados.
Por último, la teoría convencional de las finanzas
públicas estima que la eficiencia impositiva se estimula
mediante un reparto más igualitario del gravamen impositivo.
La tercera es que, en algunos países en vías de desarrollo
- históricamente afectados por frecuentes episodios de inestabilidad
financiera, hiperinflación y fuertes devaluaciones - la única
forma de ahorro de sus ciudadanos, especialmente de los más
pobres, es a través de billetes denominados en divisas estables-
como el dólar, el marco o ahora el euro- ya que sus monedas
pierden valor continuamente frente a las divisas fuertes. De ahí
que la demanda de billetes denominados en euros y en dólares
esté concentrada fundamentalmente en la economía sumergida,
en la economía ilícita y en la de los ciudadanos de
algunos países en desarrollo poco estables, sean sumergidos,
ilícitos o normales.
La cuarta, y más paradójica, es la objeción
de las autoridades fiscales de los países con monedas de
reserva que circulan globalmente, como el dólar o el euro,
ya que pueden financiarse de forma mucho más barata emitiendo
billetes que emitiendo deuda. Ello se debe a que los billetes son,
en realidad, una deuda perpetua, al portador y muy perecedera que
emiten los estados sin tener que pagar interés alguno. En
otras palabras, se trata de un préstamo sin intereses del
portador del billete a su emisor (el estado, a través del
banco central) ya que si el portador lo devuelve al cabo de varios
años, porque está estropeado, el emisor sólo
le paga su valor nominal entregándole otro igual. Es decir,
los gobiernos reducen tanto más el coste de su deuda cuanto
mayor sea la emisión y utilización de dichos billetes
que sustituye su emisión de letras y bonos con interés.
Esto es lo que se llama en el argot monetario "señoreaje",
que tradicionalmente representaba la diferencia entre el coste de
producirlo y su valor facial cuando el dinero era de un metal precioso
(oro o plata). Actualmente, el coste de producir, distribuir y eventualmente
retirar un billete es mínimo, al tiempo que su valor facial
es cada vez más alto. Por ello, el señoreaje se ha
convertido en un ingreso muy importante para las haciendas públicas.
Al señoreaje nacional, por la utilización de los billetes
dentro del territorio del país, hay que añadirle un
componente internacional, por su utilización en el resto
del mundo. Se calcula que, fuera de EEUU, circulan unos 400.000
millones de dólares en billetes, es decir, un volumen superior
al que circula dentro de dicho país. Ante tal historial de
éxito recaudatorio, no es de extrañar que en el lanzamiento
del euro se decidiera emitir billetes de muy altas denominaciones
(de 200 y 500 euros) para poder competir en "señoreaje"
internacional con los billetes de 100 dólares de EEUU. Sin
duda fue una decisión con un gran poder recaudatorio, ya
que este año y por primera vez, la utilización de
billetes en euros en los países miembros y en el resto del
mundo ha sido ya mayor que la de los billetes en dólares.
A modo de ilustración, si un bono en euros pagara aproximadamente
un cupón del 5 por ciento frente al cero de un billete en
euros, el ahorro de intereses sería enorme. Calculando cerca
de 900.000 millones de euros en billetes en circulación dentro
y fuera del Área Euro, el señoreaje sería de
unos 45.000 millones de euros.
El único problema, que considero muy grave, es que la mayor
parte de la emisión de billetes de muy elevadas denominaciones
acaba en manos de delincuentes nacionales e internacionales. Parece
como si el afán recaudatorio de los estados pesase más
que interés en acabar con la delincuencia. Seguramente esta
interpretación sea muy exagerada, pero hay indicios de la
misma en la actuación de algunos funcionarios fiscales que
intentan justificar esta contradicción mediante afirmaciones
del tipo: "como no podemos gravar con impuestos a los delincuentes
por que no somos capaces de detectarles, al menos, conseguimos que
paguen algo, ya que les colocamos grandes volúmenes de deuda
perpetua sin tener que pagarles interés alguno y además,
mantener grandes cantidades de dinero en efectivo no es rentable
y es muy costoso".
Este argumento es falaz ya que, de no existir dichos billetes de
altas denominaciones, los delincuentes serían más
fácilmente detectados, difícilmente escaparían
al pago de impuestos y podrían verse forzados a abandonar
dichas actividades delictivas. Es decir, las haciendas públicas
de los países recaudarían mucho más de lo que
obtienen hoy por el "señoreaje", al lograr aflorar
toda la economía sumergida que funciona con dinero negro
y que, además, compite deslealmente con las empresas que
sí pagan sus impuestos y que no explotan la situación
irregular de sus trabajadores. Más todavía, los estados
también se ahorrarían mucho gasto público en
fuerzas policiales y evitarían la corrupción de algunos
de sus funcionarios y políticos.
La quinta razón es el temor de los bancos centrales a perder
el control monetario o a reducir la eficiencia con la que desarrollan
su política monetaria, ya que, para ello, necesitan dos condiciones.
Por un lado, que el banco central sea monopolista bien en la emisión
de dinero en efectivo y en el suministro y retirada de las reservas
obligatorias (en efectivo y depósitos) que, en algunos países,
deben de tener todos los bancos depositadas en el banco central,
o bien de las reservas que, en todos los países, mantienen
voluntariamente en el banco central para facilitar sus operaciones
de compensación y liquidación con otros bancos. Por
otro, que pueda aplicar un tipo de interés variable a sus
"operaciones de mercado abierto", por las que compra o
vende, a los bancos del sistema, los activos financieros (bonos,
letras, depósitos etc.) que considere necesarios para regular
su liquidez.
Sus temores son que el dinero electrónico emitido por otros
bancos pudiera sustituir el efectivo y depósitos en el banco
central y que dichas compras y ventas pudiesen hacerse fuera de
su control. Sin embargo, desde hace ya mucho tiempo, se ha demostrado
(véase Sargent y Wallace, 1983) que un banco central puede
estabilizar los precios incluso si el público no bancario
deja de utilizar totalmente los billetes y monedas. Además,
las autoridades monetarias pueden obligar a que todo emisor de dinero
electrónico esté regulado, supervisado e inspeccionado,
además de forzarle a que les proporcione toda la información
necesaria sobre las transacciones que efectúen y a que mantengan
reservas obligatorias en los bancos centrales. Con ello, la política
monetaria no perdería ninguna eficacia. Nótese que
también los bancos centrales generan señoreaje ya
que, con el dinero en efectivo que crean sin interés, compran
a los bancos activos financieros por los que recibe intereses y
podrían perderlo. Incluso en el caso de que algunos emisores
de dinero electrónico intentasen mantenerse en una situación
de extraterritorialidad, y así replicar el dinero negro sustituyendo
los billetes al portador por dinero electrónico no regulado,
sería siempre mucho más fácil para la policía
y la justicia rastrear las transacciones electrónicas entre
delincuentes que las actuales transacciones físicas con billetes.
La sexta
razón, y posiblemente la más importante, es que eliminar
todo el dinero al portador necesitaría un acuerdo global
de todos los estados y bancos centrales en los cerca de 200 países
que existen actualmente en el mundo. Lograr un pacto en esta dirección
sería un proceso complejo pero no imposible, ya que aquellos
pocos países y sus bancos centrales que no aceptaran la propuesta,
podrían ser presionados por el resto o ayudados temporalmente
para evitar convertirse en "estados delincuentes".
Finalmente,
lo lógico es que, de llegarse a un acuerdo global, este proceso
se desarrolle de forma gradual a lo largo de una o dos décadas.
Al principio, reduciendo los incentivos a su utilización,
por ejemplo, eliminando cada dos años la validez de los billetes
en circulación de mayores denominaciones para que sus detentadores
tengan que cambiarlos por los nuevos y se vean forzados a declararlos
o "lavarlos". Más tarde, eliminando definitivamente
primero los billetes de elevadas denominaciones, para posteriormente
ir eliminando paulatinamente los de menor denominación hasta
llegar finalmente a las monedas pequeñas, las cuales, a su
vez, pueden ser sustituidas por las actuales tarjetas tipo monedero.
(*) Presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR). Se
trata de una versión modificada del artículo que apareció
en el diario EL PAIS el día 13 de octubre de 2007.
Referencias
Sargent, T. and N. Wallace (1983) "A Model of Commodity Money",
Journal of Monetary Economics, vol. 12
Este artículo fue escrito el Lunes, 22 de Octubre de 2007
a las 4:55 pm y archivado en Política Monetaria. Puedes seguir
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Respuestas
a "¿Es posible un mundo sin dinero en efectivo?"
1.
Gustavo Nombela dice:
Octubre 23rd, 2007 a las 10:56 am
Estoy
de acuerdo con algunos de los argumentos presentados en el artículo,
en el sentido de que existirían ventajas en un mundo que
utilizase exclusivamente el dinero electrónico, y que las
razones de peso que impiden avanzar en esa dirección son
la necesidad de coordinar un número elevado de países
independientes y las rentas de señoreaje que se obtienen
con la emisión de dinero.
Discrepo, por el contrario, profundamente con la idea de que las
actividades ilegales disminuirían o desaparecerían
por la no existencia de dinero anónimo. En los campos de
prisioneros de la II Guerra Mundial no se permitía a los
confinados disponer de dinero, y rápidamente apareció
el tabaco como un bien nominal alternativo con las mismas propiedades
del dinero: almacenabilidad, divisibilidad, facilidad de intercambio
y escasez.
Los cigarrillos
no podrían jugar ese papel de bien nominal a nivel de un
mundo globalizado sin dinero, pero surgirían automáticamente
otros bienes alternativos que funcionarían como medio de
pago para las actividades ilegales y la economía sumergida.
¿Podemos predecir cuáles serían estos bienes?
Fácilmente, sólo hay que retroceder en la Historia
a épocas pre-dinerarias.
Por lo tanto, la respuesta a la pregunta que se plantea en el título
del artículo es la siguiente: no es fácil, pero sí
que sería posible en el futuro lograr un mundo sin dinero
en efectivo. No obstante, el tráfico de drogas, la prostitución,
el pago de cantidades en negro para adquirir viviendas, la compra
de árbitros, etc., no disminuirían por ello. Eso sí:
subirían exponencialmente los precios del oro, diamantes,
y algunos otros minerales escasos que sean fácilmente reconocibles
y con calidad contrastable, que acabarían actuando como nominal
para las actividades ilícitas.
2.
alejandro dice:
Noviembre 9th, 2007 a las 10:14 pm
Yo voy
un paso más allá.
¿Es posible un mundo sin dinero?
ni efectivo, ni en
tarjeta.
Es decir que no exista el dinero en ninguna de sus formas.
Pensemos. Si no existiera el dinero, las personas podrían
tener todo lo que necesitan. Las empresas fabricarían lo
que las personas demandan y sus empleados trabajarían menos
horas y también tendrían todo lo que necesitan para
vivir dignamente.
No habría guerras porque el motivo más importante
por las cuales aún siguen existiendo es el dinero. Dinero
para comprar armas, guerra a países que tienen petróleo,
conflictos por intereses económicos, etc.
No existiría el hambre en el mundo.
Las multinacionales farmacéuticas no tendrían un motivo
para comerciar con enfermos del tercer mundo o países africanos
desahuciados.
No habría
mafia ya que no es necesario, todos tendrían lo que sueñan.
Las ciudades serían menos asfixiantes ya que las personas
buscarían pueblos para vivir sin contaminación y sin
tanta población.
No habría contaminación. Se podría investigar
con todas las garantías y ponerlas en marcha de inmediato,
cuestiones sobre la contaminación ambiental, vehículos
ecológicos, viviendas autosuficientes, etc.
¿De verdad que esto sería una locura impensable e
irrealizable?
3.
guillermo de la dehesa dice:
Noviembre 10th, 2007 a las 7:38 pm
Contestación
a Gustavo Nombela
Va a ser muy difícil encontrar medios de pago de tan elevada
circulación, aceptabilidad y facilidad de transporte como
los billetes de elevadas denominaciones en euros. Por ejemplo, cada
billete de 500 euros pesa 2,25 gramos, luego el famosos kilo que
pesaba un fajo de mil billetes de 1000 pesetas (es decir, un millón
de las antiguas pesetas) es equivalente ahora a 12 billetes de 500
euros, es decir sólo a 27 gramos o lo que es lo mismo, los
billetes de 500 euros son 37 veces menos pesados que los de mil
pesetas en relación a un valor equivalente. esto significa
que un kilo de billetes de 500 euros representa ahora 73 millones
de las antiguas pesetas, 73 veces más valor por el mismo
peso.
El oro,
que se pesa en onzas troy y que cada una pesa 31,1 gramos, ahora
vale aproximadamente 800 dólares, es decir unos 500 euros,
es decir 31,1 gramos de oro equivalen en valor a 2,25 gramos de
billetes de 500 euros. es decir, para alcanzar el mismo valor, el
oro es 13,8 veces más pesado que los billetes de 500 euros.
No sólo eso, sino que hay oro de muy diferente calidad una
onza troy debe de ser de oro puro, es decir de 24 quilates o mil
milésimas, pero existe oro de muchos menos quilates que hace
falta un experto para saber cuantas milésima posee. Es decir,
el oro no es un producto estándar como un billete de 500
euros.
Lo mismo
pasa con los diamantes aunque aquí el problema no es la relación
valor peso que puede ser más favorable que la de los billetes
de 500 euros, sino que sus problems derivan de su producción
y de su inmensa variedad.
Primero,
su producción es complicada ya que se necesitan unas diez
toneladas de mena para obtener un quilate y para obtener una gema
apreciable se necesitan excavar varios kilómetros de terreno:
Segundo, el valor de cada gema depende del tallado y pulido de la
pieza, de su color y de su brillantez. Es decir, tampoco los diamantes
son homogéneos como un billete de 500 euros y hay que ser
un gran experto para saber cuanto vale realmente cada gema. Tercero,
existen diamantes artificiales, que ya empezaron a fabricarse por
General Electric en 1954, para usos industriales, que son más
baratos y también los diamantes artificiales "cultivados",
que no se distinguen de los naturales, a menos que la persona que
los compra sea un experto.
Cuarto,
la producción y fabricación de diamantes está
muy regulada y controlada. Si hoy existe un tráfico de diamantes
por parte de los trabajadores que trabajan en las minas, es porque
son pagados en dólares o en euros en billetes, de no ser
así no los podrían colocar.
En definitiva creo que las alternativas que propone Gustavo Nombela
son poco atractivas, bien por peso, por variedad o por calidad contrastable.
4. Lorenzo Martos dice:
Noviembre 12th, 2007 a las 10:31 pm
Si abolimos
el dinero anónimo por el dinero telemático - nominativo-
tendría que ser con la condición de que se entregue
como un instrumento, dedicado al servicio de la libertad y de la
información de todas las personas. Tal como se está
desarrollando actualmente, el dinero electrónico constituye
sistemas de información muy parciales y cerrados, limitados
a unos núcleos privados muy reducidos. El ejecutivo es muy
partidista y por tanto muy peligroso, por lo que tendría
que ser controlado por el poder judicial el cual ni siquiera los
jueces tienen acceso a él si no es con la razón de
buscar una prueba para un juicio o por una acusación que
tenga visos de ser real. Es decir que el secreto queda salvado.
Agustí
Chalaux (1911-2006) mucho antes que existiera la telemática
y durante toda su vida ha investigado y desarrollado este sistema
económico, científico y racionalizado. En 1984 cuando
la telemática ya era una realidad fundó el Centro
de Estudios Joan Bardina (del que soy socio) http://www.bardina.org/
. En este Centro han colaborado varios estudiosos interesados
por el tema cuyos trabajos se han concretado con la edición
de varios libros y múltiples documentos.
5.
Gustavo Nombela dice:
Noviembre 15th, 2007 a las 12:47 pm
Contestación a Guillermo de la Dehesa:
Sigo
pensando que la existencia de actividades ilegales se debe a razones
fundamentales que justifican que haya oferta y demanda, y que estas
actividades no desaparecerían porque el mecanismo de pago
se haga más complejo.
No me convencen las dificultades que planteas sobre el volumen y
la evaluación de la calidad de los medios de pago no fiduciarios,
esto es, basados en el valor del bien nominal, que yo creo aparecerían
de forma natural si todo el dinero en el mundo fuese nominativo.
Hagamos un poco de ciencia-ficción: imaginando cómo
sería el mundo futuro sin dinero anónimo se me ocurren
al menos dos ejemplos.
Supongamos
que un narcotraficante europeo viaja a un país extranjero,
a hacer una gran operación de compra valorada en 5,68 millones
de euros. Hasta ahora estaba acostumbrado a pagar con billetes de
500 euros, es decir, tenía que transportar una caja de 25,56
kg llena de billetes para pagar la droga.
¿Qué
alternativa tiene ahora que se han retirado los billetes de la circulación?
Bueno, siempre puede ir a Sotheby's a una subasta y comprar un diamante
azul (véase www.elmundo.es/elmundo/2007/10/09/ciencia/1191922443.html).
Por el precio que va a pagar, seguro que el diamante irá
acompañado de un certificado de calidad, y puede viajar ahora
mucho más ligero de equipaje a realizar la operación.
Si el tipo que le vende la mercancía no está convencido
de que el diamante valga lo que pone en el certificado, siempre
pueden acordar contratar un experto independiente que valore la
calidad. Los costes del experto, tirando por lo alto, pueden llegar
a ser un 0,0003% del valor de la transacción. Anda!, más
o menos como los aranceles que cobraría un notario o un registrador
por una operación de esa cuantía
Evidentemente,
no todo el mundo que se dedica a actividades ilegales realiza transacciones
de esa magnitud, pero tampoco necesita la misma seguridad en el
medio de pago. Basta con que exista confianza en el valor del bien
nominal para que el mercado siga funcionando. Supongamos que la
empresa FRAUDOSA, S.L. empieza a vender unos anillos de oro que
llevan grabado el nombre de la joyería, y que se popularizan
como medio de pago en algunos clubs de carretera. Los clientes van
a la joyería, compran anillos con sus tarjetas -en las facturas
que les llegan a casa aparece el nada sospechoso nombre de la filial
del grupo "Gasolineras Fraudosa, S.L."- y saben que pueden
pagar con ellos. Las chicas después del trabajo llevan a
la empresa los anillos, que los recompra pagando con dinero electrónico
legal y emite facturas por compras de oro en bruto. Todas las transacciones
son legales, llevan su IVA y pueden ser supervisadas por Hacienda,
mientras que el mercado real sigue funcionando en la sombra.
Seguro que a algún otro lector de este foro se le están
ocurriendo más ejemplos de fórmulas de pago que permitirían
la supervivencia de las actividades ilegales en el "mundo sin
billetes". Aunque no sé si conviene que los pongan por
escrito, no sea que estemos dando demasiadas ideas
6.
francisco varvaro dice:
Noviembre 19th, 2007 a las 1:40 pm
Para
realizar un cambio monetario de tal magnitud hace falta crear primero
una sociedad preparada e informada.
Creo que al abolir el dinero anónimo por el dinero telemático
- nominativo-se crearía un instrumento (en esto estoy completamente
de acuerdo con Lorenzo Martos) cuyo fin debe ser el servicio de
la libertad individual atraves de mecanismos fiables, que protejan
al individuo frente a una sociedad tipo gran hermano de Orwell,
donde el control individual se aplica desde el mismo nacimiento.
La supervivencia de las actividades ilegales creo que es inherente
a nuestra naturaleza , no debemos caer en idealismos inalcanzables
pero
ello no quita que para crear una sociedad mucho mas justa debemos
inventar alternativas monetarias mas seguras y transparentes.
De nuevo recordar el trabajo de Agustí Chalaux como referente,
donde se crean los elementos fundamentales para crear un tipo de
sociedad fiable donde la moneda telemática sea una realidad
en beneficio de las libertades individuales y por ende de una sociedad
mas equitativa.
Cualquier cambio de tal magnitud debe realizarse desde una base
social fuerte.
7.
Mauricio Javier Sierra Morales dice:
Junio 25th, 2008 a las 11:09 am
Respuesta a Alejandro, por Mauricio Sierra
El capitalismo
como único sistema de producción dominante a nivel
mundial exige para garantizar su propia existencia futura, de un
sometimiento gradual y total de los otros sistemas productivos que
existen y existirán sobre la faz de la tierra.
Siendo así, y tratándose de un sistema de dominación
cuya faceta económica es conocida como capitalismo, cabe
preguntarse si existen otras formas de dominación sobre los
seres humanos y por adhesión sobre el territorio contemporáneo
que, posibiliten o permitan la existencia de formas urbanas de asentamiento
humano, ya sea las que actualmente conocemos: ciudades, suburbios,
etc., o si por el contrario, los seres humanos estamos condenados,
por naturaleza de nuestra especie o por lo que sea, a vivir bajo
un sistema de dominación que reduce absolutamente todo al
monetarismo y a la acumulación, incluyendo las formas urbanas
derivadas del intercambio y el consumo.
Sabemos
por vivencia propia o de terceros, que existen agrupaciones de seres
humanos, grandes y pequeñas, que sobreviven en la actualidad
lejos de las ciudades y demás formas de ocupación
del territorio conocidas y articuladas al sistema global de dominación.
Incluso aun existen naciones enteras que se dan el lujo de decir
que no están articuladas o al menos que no precisan del capitalismo
para garantizar su existencia. La pregunta seria: Cuanto tiempo
mas podrán resistir? Lo cual nos lleva a suponer que es cuestión
de décadas y quizás de años, para que lleguemos
a contemplar la realización de una de las utopías
del pensamiento occidental, hoy también dominante, cual es
pensar en un espacio mundial, un único sistema valido para
todo el planeta y por supuesto para toda la especie humana.
Surgirán
así nuevos espacios en los asentamientos humanos que darán
al habitante o visitante la sensación de no estar bajo la
dominación global, y eso podrá garantizar que incluso,
aquellos que hoy viven, o creen que viven, por fuera del sistema,
ingresen también a este mundo planetario, valga la redundancia.
El presente
ensayo, inspirado en el aula magistral del profesor Roberto Segre,
pretende imaginar como serian esos nuevos espacios habitables que
posibilitarían al habitante del siglo XXI pensar que es un
ser libre y autónomo y aun así estar bajo un sistema
de dominación único y planetario.
Primero tenemos necesariamente que repensar cuales y de que manera
son y se articulan las demás facetas de la dominación
global al sistema, luego con este conocimiento, entender como se
manifiestan dichas formas de dominación - sometimiento en
el espacio urbano contemporáneo, para finalmente, intentar
describir un escenario habitado sin la presencia tangible del monetarismo.
Anticipo desde ya que será un escrito incompleto, provocador
y que dejara quizá un sabor no muy agradable en la boca,
especialmente para aquellas personas que aun sueñan con la
idea de un mundo por fuera del sistema, pero que no hacen nada para
conseguirlo.
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