La tierra es un bien limitado, no está producida por el hombre y, originariamente, era de propiedad comunitaria. Por lo tanto, hace falta restablecer la antigua situación para que los municipios puedan realizar un urbanismo con capacidad de decisión sobre su territorio.
Esta era la propuesta política que los antiguos georgistas querían llevar a cabo. La posieron en práctica en algunas comunidades aisladas a través del mundo, pere donde tuvieron más repercusión fué en la Hungría de después de la Primera Guerra Mundial.
Después
de la llamada Gran Guerra, el conde Mihály Károlyi, también
llamado el «Conde Rojo», consiguió el poder en Hungría,
donde decidió aplicar en su Estado las propuestas georgistas.
En primer lugar, constituyó en cada municipio un consejo tripartito formado por representantes de los propietarios, de los funcionarios y de los ciudadanos. En zonas más pobladas como Budapest, el consejo trabajaba a nivel de distrito.
Este
consejo iba a ver cada propietario. Le pedía las escrituras de las
tierras que tenía y le proponían que fijase un precio para
cada una de sus propiedades. Si el precio de cada propiedad era considerado
demasiado elevado para el consejo, éste comunicaba al propietario
que había de pagar, por adelantado, al municipio un impuesto anual
del 6% del valor declarado. Entonces, el propietario podía disminuir
este valor. Si el precio de la propiedad no era demasiado alto, entonces
el consejo decidía comprar aquella propiedad, dando inmediatamente
un 6% de su valor declarado, pues las arcas públicas húngaras
se consideraban demasiado empobrecidas por la guerra como para hacer frente,
de buen principio, al precio total.
Con este sistema, cada municipio húngaro iniciaba un proceso progresivo de compra de las tierras, requisito previo para poder realizar una autentica política urbanística con posibilidades.
Este
sistema duró unos pocos meses, pues Lenin, en la vecina Unión
Soviética, vió con malos ojos un sistema de municipalización
de la tierra tan pacífico y enardecedor, mientras que en su Estado
él eliminaba violentamente los campesinos. Lenin decidió
intervenir en Hungría, seguramente con el consentimiento, en aquel
tiempo, de los Estados británico y francés, nada interesados
en sistemas exitosos de eliminación de la propiedad privada de la
tierra.
Así, de resultas de la intervención soviética, llegó al poder Bela Kun. Pero su gobierno fué efímero, pues el almirante húngaro Horthy agrupó en regimientos sus marineros estacionados en Trieste, donde había quedado bloqueada la antigua armada austro-húngara durante la Gran Guerra, y se dirigió a Budapest, donde expulsó a Bela Kun del poder.
Una vez Horthy en el poder, se constituyó en regente de la monarquía hereditaria húngara, pero sin dejar venir al rey. Horthy devolvió las tierras a los antiguos propietarios, estableciendo un impuesto reducido de la tierra, de un 0,25%, pero sobre el valor de catastro actualizado, que declararon los mismos propietarios durante el gobierno del «Conde Rojo». Este impuesto permitió a Hungría disponer de unos recursos económicos suficientes como para que Horthy gobernase hasta el año 1944, disponiendo de una total autonomía respecto Hitler.
En el año 1944, sin embargo, Hitler impuso a Hungría el tirano fascista Szalasi, ante la eventualidad que Horthy hiciese abandonar a Hungría la alianza que tenía con Alemania. Posteriormente, el ejército soviético sacó a Szalasi del poder.
Y así evolucionó -involucionó- la situación
hasta ahora.